viernes, 19 de marzo de 2010

Love is just a game

Tarcila soñó que ya no tenía amor.
Y ahora, ¿qué sería de su vida?
No sabía otra cosa, su vida era el amor.
¿Qué haría ahora sin las sonrisas enamoradas,
sin los llantos del desamor?
¿Qué haría con la melancolía,
con esa tristeza tan bonita del no amar?
Sin amor, Tarcila se iría consumiendo lentamente.
Sin desamor, Tarcila ya no tendría qué hacer.

Sin amor, Tarcila perdería su sepia.
Su sepia tan triste que venía del desamor.
Se asustó, no sabía que era un sueño.
Era muy real.
Sin amor, se dijo, sin desamor, ¿qué voy a escribir?
Sin mi tristeza, ¿en qué pensaré durante la noche?
Sin las canciones, sin los poemas, ¿de qué viviré?

Tarcila se asustó, no sabía que era un sueño.
Era muy real.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Odio

Odio que tengas una vida sin mí.
Odio no saber qué te pasa.
Odio no saber qué piensas.
Odio no saber si piensas en mí.

Odio que tengas una vida sin mí.
Odio recordar que antes, tu vida era conmigo.
Que antes, tu vida era yo.
Odio saber que no piensas en mí.

Odio que tengas una vida sin mí.
Odio la ridícula distancia que nos separa.
Odio que no la quieras acortar.
Odio desear tanto que pensaras en mí.

Odio que tengas una vida sin mí.
Odio siempre pensar en ti.
Odio vivir en función a ti.
Odio pensar que piensas en mí.

Odio que tengas una vida
sin mí.

domingo, 14 de marzo de 2010

hoy

Apagué la luz.
Quería buscarte, sentirte.
Entonces, esto es la oscuridad.
No te encontré.
Tuve que alumbrar mi camino otra vez.
Seguías sin estar ahí.
¿Dónde estás?
No en mi recuerdo.
Te busco, te busco.
No estás.
¿Hasta dónde tengo que ir?
¿Dónde tengo que buscar?
Sé que quieres volver, te siento cerca.
Pero no estás.
No pensé que te buscaría hoy.
No pensé que te buscaría, punto.
Pero, mírame, acá estoy, levantando los cojines,
buscando en cada esquina.
Y no encuentro, no te encuentro.
Te escondes bien, no quieres que te vea.
No importa, estaré bien.


martes, 9 de marzo de 2010

Diego

Hoy vi tu foto.
Salías sonriendo, salías feliz.
Hoy vi tu foto y me acordé de tí.
De tu voz, de tu mirada, de tu risa.
Te recordé hace diez años, cuando me mirabas y yo me molestaba.
Te recordé y te sentí detrás de mi, mirándome una vez más.
Pero esta vez no me molesté.
Esta vez sonreí.
Recordé que había soñado contigo esa noche.
Que dije que te tenía que buscar.
Llegué tarde.
Y hoy te pienso, te pienso y te extraño.
A pesar de todo.
Loco.
Precioso.

viernes, 19 de febrero de 2010

Pobre Tarcila

Tarcila le había soñado tantas veces, que cuando lo vio no fue nada nuevo. Había vivido una y otra vez su olor, su forma, su piel. Sabía cómo se sentía, conocía su voz a la perfección. Cuando lo vio, ella supo perfectamente qué hacer, porque lo había ensayado como se ensaya una obra, había tenido su ensayo general, su último ensayo, porque sabía que pronto lo vería.
Cuando lo vio, sus pies y su voz no temblaron, como temblaron en el primer sueño. Cuando lo vio, sus ojos no se llenaron de lágrimas. Cuando lo vio, lo miró a los ojos fijamente. Lo miró y esperó a que él dijera esas palabras que ya había oido en sueños, pero que tenía que oirle decir en la realidad.
Él tenía que empezar la obra. Sus líneas eran las primeras, y de él dependía que todo saliera bien. Esperó. Lo miró. Le dijo con los ojos que lo diga, que diga eso que ella había soñado y que sabía de memoria.
Esperó. Él se empezó a poner nervioso. Sus pies temblaban. Su boca temblaba. Sus ojos, llenos de lágrimas, no le podían contestar. Su cuerpo estaba rígido, sus pies plantados en el suelo. Y no le dijo nada.
Tarcila siguió esperando, siguió mirando, siguió pidiendo. Y él no dijo nada. La obra fue un fracaso para Tarcila. Nada salió como debía. Los miles de ensayos fueron en vano. El hacer y rehacer esta escena en su cabeza fue en vano. Y ya no se repetiría, no habría una segunda oportunidad.
Para Tarcila no existían segundas oportunidades. Tuvo que borrar el sueño de su cabeza, y olvidar.

martes, 16 de febrero de 2010

Nosotros y los piojos

¿Te acuerdas de cuando teníamos piojos?
Ni a ti ni a mí nos importaba,
teníamos mejores cosas en qué pensar.
Después aprendimos a tener vergüenza,
pero no era propia, era de alguien más
que nos la imponía,
nos la obligaba.
No teníamos vergüenza: la fingíamos.
No teníamos vergüenza: la mentíamos.
No teníamos vergüenza
y hoy ya es nuestra.
Nos cubrimos como si nada,
como si fuera natural.
Nos escondemos, huimos, mentimos.
Nos sale como si nada y no lo pensamos.
Hoy el miedo y la vergüenza son nuestros,
pero los piojos ya se fueron.

lunes, 15 de febrero de 2010

La plaza

Los árboles están numerados. Yo estoy frente al 9. Algunos todavía tienen decoraciones navideñas y ha pasado más de un mes.
Los jubilados se sientan en las bancas desde temprano y ven pasar la mañana. Son los primeros en llegar para agarrar sombra. Unos cuantos ya se conocen y la mañana se les pasa más rápido, porque se entretienen contándose historias repetidas. Él no recuerda haberla contado, pero no importa, porque el otro no recuerda haberla escuchado.
La gente te pasa cerquita, como las gaviotas en la playa. Tú debes hacer como si no te importara.
"Tours", te ofrecen.
"Llamadas", te ofrecen.
"Caramelos", te ofrecen.
"Máquinas de afeitar, pegamento".