Tarcila estaba enferma. Era la mujer de ese cuento, que cae en cama donde un insecto anidado en su almohada le chupa toda la sangre y muere al final. Nadie conocía la causa de su mal, hasta que la mucama, una vez muerta la señora, cambiando las sábanas descubre al animal.
Era ella.
O no. Era él, el hombre, el que queda viudo después de ver a la esposa en larga agonía sin poder hacer nada, sin ser capaz de llegar al fondo del asunto. Era los brazos cruzados, el ir y venir por la habitación, el conversar con los médicos, el perderla poco a poco, la impotencia, las manos atadas.
Era él.
O no, era ella, la otra ella: la mucama. La empleada fiel que nunca notó que en esa almohada un parásito se llevaba la vida, las mejillas rosadas, la risa, la juventud. Era la culpa, el debí haberme dado cuenta, el llanto en el cuarto del fondo, el pedir perdón demasiado tarde porque sabes que debiste haber hecho mejor.
Era ella.
O no, era ellos, los médicos. Era los doctores que no notaron que esto no era un debilitarse, no era enfermedad, no era muerte natural. Era algo me está matando, nos está separando de la vida, algo se apodera de mí y me lleva lejos. Y no lo vimos, no sabemos, no supimos. No importan la experiencia, los títulos, los diplomas en la pared. Te escurriste de nuestras manos como arena tibia en una mañana soleada.
Era ellos.
Era todos. Era la enfermedad, la muerte, la impotencia, los ojos cerrados, el no saber, el mirar al costado, el recuerdo y el verte al final del pasillo, sin color en el rostro, la sonrisa débil, las manos vacías y yo al fondo, al otro lado, lejos ya, muriendo, errando, desviando la mirada, cerrando el libro, final del cuento, adiós amado, adiós mi vida y no hay nada que pueda hacer ya, el sol se pone detrás de las olas, cierro los ojos, cierro el libro, se acaba el cuento, ve tranquilo, el amor duerme, se terminó el libro, llegó el final, nos escapamos, despedida infinita, que no termine este abrazo, pero mis ojos están cerrados y soy cuerpo inerte, el alma flota en la habitación y se va lejos, no queda duda: es el final.
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jueves, 22 de octubre de 2015
Roma
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jueves, 20 de agosto de 2015
Sin título
O le falta al Amor conocimiento
o le sobra crueldad
(...)¿quién ordena
el terrible dolor que adoro y siento?
(Cervantes)
Te irás una vez más
y yo quedaré en la calle, vacío
mi pecho; mi nombre, Soledad.
El mundo seguirá
apretando su odio contra mí. Y mis
brazos, vacíos; sin risa el rostro;
distante el pasado,
pisándome la frente, el futuro
golpeando mis entrañas, el hoy.
No voltearé hacia ti.
No encontraré recuerdos, no esperaré
tu mano acariciando mi piel.
Preguntaré, en cambio,
qué camino me sacará del limbo,
del vacío. Preguntaré
cuál de estos caminos
será el que finalmente me lleve
y me arranque de la verdad.
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jueves, 30 de julio de 2015
No
No seré yo
lo primero que veas al despertar,
ni mi cuerpo
lo que te mantenga caliente en las frías
noches de este invierno.
No será mi recuerdo
lo que te persiga en sueños,
ni la ilusión
la que construya tu futuro,
ni mi llanto
lo que consueles cuando caiga
de muy alto.
No será el silencio
lo que disfrutes a mi lado,
mi canto
el susurro en tu oído,
mis labios
zumbando en tu cuello.
No seré yo
ni serás tú
lo que veamos al alzar los ojos
hacia el espejo.
No estará mi sombra
pisándote los talones
cuando quieras huir
del mundo.
Detrás de las esquinas
solo hallarás aire
vacío y nostalgia,
pues no habrá
sorpresas esperándote.
No conocerás el universo conmigo
ni vivirás nada nuevo a mi lado
ni imaginarás ciudades a medida.
Los sueños, los días, los dolores de cabeza
no serán compartidos.
Las risas, los llantos, los golpes,
los gritos,
el odio, el amor.
No seré yo, no seremos tú
lo primero que veas
al despertar
ni lo último que pensemos
al ir a dormir.
lo primero que veas al despertar,
ni mi cuerpo
lo que te mantenga caliente en las frías
noches de este invierno.
No será mi recuerdo
lo que te persiga en sueños,
ni la ilusión
la que construya tu futuro,
ni mi llanto
lo que consueles cuando caiga
de muy alto.
No será el silencio
lo que disfrutes a mi lado,
mi canto
el susurro en tu oído,
mis labios
zumbando en tu cuello.
No seré yo
ni serás tú
lo que veamos al alzar los ojos
hacia el espejo.
No estará mi sombra
pisándote los talones
cuando quieras huir
del mundo.
Detrás de las esquinas
solo hallarás aire
vacío y nostalgia,
pues no habrá
sorpresas esperándote.
No conocerás el universo conmigo
ni vivirás nada nuevo a mi lado
ni imaginarás ciudades a medida.
Los sueños, los días, los dolores de cabeza
no serán compartidos.
Las risas, los llantos, los golpes,
los gritos,
el odio, el amor.
No seré yo, no seremos tú
lo primero que veas
al despertar
ni lo último que pensemos
al ir a dormir.
jueves, 4 de junio de 2015
Volver
Amores habrás tenido,
muchos amores,
María bonita, María del alma.
Pero ninguno tan bueno
ni tan honrado
como el que hiciste que en mí brotara.
Agustín Lara - María Bonita
Hoy te vi:
compartimos la mesa
pero no el pan,
ni la sonrisa.
Te cuidé del enemigo
y no pude
tomarte en mis brazos.
Te vi en mis sueños
y fue real.
Casi pude olerte,
sentir tus brazos,
pero estabas lejos
y no solo en cuerpo.
Hoy te vi
estábamos en lo alto
y veíamos toda la ciudad.
Me ahogué mientras dormía
porque sin ti
no pude respirar.
Desperté y tu recuerdo estaba
tan vivo y presente
que pensé
que te vi.
jueves, 9 de octubre de 2014
(Des)
He olvidado tu cara.
No tus manos ni tus ojos ni tus labios.
Solo tu cara.
He olvidado cómo luces.
Cuando nos crucemos en la calle,
-desconocidos aún-
no te reconoceré.
He olvidado tu cara.
No sé quién eres,
no sé tu nombre.
No reconozco tu voz.
Te busco día a día.
Te busco en mis sueños
y te llamo.
Te invoco.
Te nombro todos los días
y te sé de memoria,
te conozco al pie de la letra.
Pero, cuando nos crucemos en la calle,
-desconocidos para siempre-
no te reconoceré.
No tus manos ni tus ojos ni tus labios.
Solo tu cara.
He olvidado cómo luces.
Cuando nos crucemos en la calle,
-desconocidos aún-
no te reconoceré.
He olvidado tu cara.
No sé quién eres,
no sé tu nombre.
No reconozco tu voz.
Te busco día a día.
Te busco en mis sueños
y te llamo.
Te invoco.
Te nombro todos los días
y te sé de memoria,
te conozco al pie de la letra.
Pero, cuando nos crucemos en la calle,
-desconocidos para siempre-
no te reconoceré.
jueves, 25 de septiembre de 2014
Distancia
qué lejanos vi hoy
tus ojos frente a mis ojos
tu aire atravesando mi aire
tus manos sobre mis manos
tu risa sobre mi llanto
tus besos sobre mis labios
tu voz en mi oído
tu abrazo rodeando mi alma
tu odio
tu amor
tu mirada
tu barba
tus uñas
tus dientes
tus piernas
qué lejanos vi hoy tus ojos mirándome desde otra galaxia. y eran ellos, eras tú quien me miraba y ya no me desnudaba: me golpeaba. eras tú y eran ellos y eran ustedes y nosotros quienes me odiaban y yo los amaba desde el fondo del agua allá lejos, lejos en la tierra.
qué lejanos vi hoy
tus ojos comiéndose mis miedos
y tu cuerpo descomponiéndose
en mi abrazo.
qué lejano vi hoy
al amor que compartimos
y al hombre
y al niño
y al juego
y la risa.
qué lejanos los vi hoy.
lejos
lejísimos
qué ajenos
distantes
sueños.
qué lejanos vi hoy
tus ojos frente a mis ojos
y tu aire con el mío
y tus manos sobre esto
que llamo manos.
y tu risa
tu risa sobre mi llanto.
qué lejanos
los vi hoy.
tus ojos frente a mis ojos
tu aire atravesando mi aire
tus manos sobre mis manos
tu risa sobre mi llanto
tus besos sobre mis labios
tu voz en mi oído
tu abrazo rodeando mi alma
tu odio
tu amor
tu mirada
tu barba
tus uñas
tus dientes
tus piernas
qué lejanos vi hoy tus ojos mirándome desde otra galaxia. y eran ellos, eras tú quien me miraba y ya no me desnudaba: me golpeaba. eras tú y eran ellos y eran ustedes y nosotros quienes me odiaban y yo los amaba desde el fondo del agua allá lejos, lejos en la tierra.
qué lejanos vi hoy
tus ojos comiéndose mis miedos
y tu cuerpo descomponiéndose
en mi abrazo.
qué lejano vi hoy
al amor que compartimos
y al hombre
y al niño
y al juego
y la risa.
qué lejanos los vi hoy.
lejos
lejísimos
qué ajenos
distantes
sueños.
qué lejanos vi hoy
tus ojos frente a mis ojos
y tu aire con el mío
y tus manos sobre esto
que llamo manos.
y tu risa
tu risa sobre mi llanto.
qué lejanos
los vi hoy.
jueves, 28 de agosto de 2014
Lluvia
Llovió.
En su mente
en su alma
en sus ojos
en su piel.
Llovió
pero no
por cuarenta días
y cuarenta noches.
Llovió para siempre
una eternidad.
Llovió
y la lluvia
llegó a todos los rincones
de su vida
inundó el presente
el futuro
y el ayer.
Todo lo manchó
-escampó-
solo en una idea, en
un deseo.
porque,
en realidad,
llovió:
no paró.
En su mente
en su alma
en sus ojos
en su piel.
Llovió
pero no
por cuarenta días
y cuarenta noches.
Llovió para siempre
una eternidad.
Llovió
y la lluvia
llegó a todos los rincones
de su vida
inundó el presente
el futuro
y el ayer.
Todo lo manchó
-escampó-
solo en una idea, en
un deseo.
porque,
en realidad,
llovió:
no paró.
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jueves, 14 de agosto de 2014
Abrir de ojos
Desperté contigo a mi lado
pero no eras más
que un aire tibio en la almohada.
Tu respiración
no se convirtió
en un abrazo
porque tus manos
estaban ya lejos
de mi cuerpo.
Desperté contigo a mi lado
y no me miraste
ni me dijiste te quiero.
Tu sonrisa
no se transformó
en luz
porque tu boca
ya besaba
otros labios.
Desperté contigo a mi lado
eras tú y no lo eras
pero te escuché claro.
Te supe dentro de mí
en mi cuerpo,
en mi vida, en mi piel.
Y tu olor
no era ya más
que un recuerdo viejísimo.
Desperté
contigo, sin ti
a mi lado.
Volví a dormir
y a despertar
y seguiste ahí,
evidente.
Sin mí.
pero no eras más
que un aire tibio en la almohada.
Tu respiración
no se convirtió
en un abrazo
porque tus manos
estaban ya lejos
de mi cuerpo.
Desperté contigo a mi lado
y no me miraste
ni me dijiste te quiero.
Tu sonrisa
no se transformó
en luz
porque tu boca
ya besaba
otros labios.
Desperté contigo a mi lado
eras tú y no lo eras
pero te escuché claro.
Te supe dentro de mí
en mi cuerpo,
en mi vida, en mi piel.
Y tu olor
no era ya más
que un recuerdo viejísimo.
Desperté
contigo, sin ti
a mi lado.
Volví a dormir
y a despertar
y seguiste ahí,
evidente.
Sin mí.
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Tarcila
jueves, 24 de julio de 2014
Ajeno
Ajeno.
¿de quién eran esos ojos
que la miraban de lejos?
¿de quién esa sonrisa,
esos brazos,
esa alma
que llenaba la habitación?
su voz se había vuelto
como un eco distante
y hablaba un idioma
que ella no podía reconocer.
Ajeno.
¿quién eres?
¿de dónde has venido?
sintió que había viajado
de mucho tiempo atrás,
cargando consigo
el recuerdo de un amor
que se aferraba de las garras
al techo
a las paredes
a las ventanas
vino del pasado
donde solo había olvido
Ajeno.
nunca supo
que jamás le perteneció.
¿de quién eran esos ojos
que la miraban de lejos?
¿de quién esa sonrisa,
esos brazos,
esa alma
que llenaba la habitación?
su voz se había vuelto
como un eco distante
y hablaba un idioma
que ella no podía reconocer.
Ajeno.
¿quién eres?
¿de dónde has venido?
sintió que había viajado
de mucho tiempo atrás,
cargando consigo
el recuerdo de un amor
que se aferraba de las garras
al techo
a las paredes
a las ventanas
vino del pasado
donde solo había olvido
Ajeno.
nunca supo
que jamás le perteneció.
miércoles, 28 de mayo de 2014
Sin título
Lo tocó.
Pasó sus manos por su cara.
Su nariz
sus ojos
y su boca.
No lo miró.
No necesitó verlo
para saber
que no era Él.
Esa no era la piel
que tantas veces
había besado.
Sus manos no reconocían
ese rostro;
las líneas de su frente
no contaban
la misma historia.
Se llevó las manos
a los bolsillos.
Se dio la vuelta
y regresó
a la piel de siempre.
A la piel conocida.
Al amor.
Pasó sus manos por su cara.
Su nariz
sus ojos
y su boca.
No lo miró.
No necesitó verlo
para saber
que no era Él.
Esa no era la piel
que tantas veces
había besado.
Sus manos no reconocían
ese rostro;
las líneas de su frente
no contaban
la misma historia.
Se llevó las manos
a los bolsillos.
Se dio la vuelta
y regresó
a la piel de siempre.
A la piel conocida.
Al amor.
viernes, 9 de mayo de 2014
Tristeza
Era tristeza.
Como el arreglo de flores
que alguien olvidó quitar de una plaza
y yace muerto bajo la estatua del conquistador.
Como un amor terminado
de un solo lado
y de otro lado infinito.
Como un cielo morado
en una tarde de invierno.
Era tristeza pura
como una risa sin eco
como un charco de agua
en medio de un parque sin niños.
Como tus manos
en mi mente en mi cuerpo.
Como esos árboles que decoran avenidas concurridas
llenos de hollín y de olvido
faltos de agua, de amor.
Era tristeza
como un hueco en el pecho
como las conversaciones imaginarias
que ya sabía de memoria.
Era tristeza
era dolor
era olvido
era,
quizás
tu voz.
Como el arreglo de flores
que alguien olvidó quitar de una plaza
y yace muerto bajo la estatua del conquistador.
Como un amor terminado
de un solo lado
y de otro lado infinito.
Como un cielo morado
en una tarde de invierno.
Era tristeza pura
como una risa sin eco
como un charco de agua
en medio de un parque sin niños.
Como tus manos
en mi mente en mi cuerpo.
Como esos árboles que decoran avenidas concurridas
llenos de hollín y de olvido
faltos de agua, de amor.
Era tristeza
como un hueco en el pecho
como las conversaciones imaginarias
que ya sabía de memoria.
Era tristeza
era dolor
era olvido
era,
quizás
tu voz.
jueves, 24 de abril de 2014
(_______________)
Lo amó como solo se ama
a las miradas de antiguos amores.
De amores que nunca fueron
de camas sin sueños compartidos.
En sus ojos pudo recordar
aquellos ojos que la miraron
tiempo atrás.
Esos ojos que atravesaron su ropa
su cuerpo
su mente
y la dejaron ahí
desnuda y desvalida
teniendo como única arma
-inútil al fin-
al amor.
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viernes, 4 de abril de 2014
(In)finito
Desaparecer en el abrazo le pareció una buena idea.
Y, cuando lo hizo, el universo entero empezó a derretirse a su alrededor.
Empezó a caer lentamente,
como flotando
como suspendida
en un éter
inmortal.
Como por un abismo
que solo la llevaría
a la vida eterna.
Cuando lo abrazó, no vio más que oscuridad
y estrellas que luchaban
contra la noche
y la encendían en un ir y venir
de amor.
¿Dónde estoy?
Se preguntó.
Y siguió cayendo.
Las estrellas le contestaron lo que quería escuchar.
Sonrió y continuó
desapareciendo
en el abrazo.
Y, cuando lo hizo, el universo entero empezó a derretirse a su alrededor.
Empezó a caer lentamente,
como flotando
como suspendida
en un éter
inmortal.
Como por un abismo
que solo la llevaría
a la vida eterna.
Cuando lo abrazó, no vio más que oscuridad
y estrellas que luchaban
contra la noche
y la encendían en un ir y venir
de amor.
¿Dónde estoy?
Se preguntó.
Y siguió cayendo.
Las estrellas le contestaron lo que quería escuchar.
Sonrió y continuó
desapareciendo
en el abrazo.
jueves, 26 de diciembre de 2013
Items antiguos
Podíamos hablar de la magia
del olor
de las flores
y tú lo sabías.
Sabías qué pensaba
cuando me decías
cosas sin sentido
y si reía
o lloraba
sabías que era
o no
por ti.
Sabías mirarme
sin que me diera cuenta.
Sabías contar
historias
como si fueran ciertas.
Y agarrar mi mano
cuando lo necesitaba.
Podíamos hablar de la magia
del olor
de las flores
y del verano.
De los veranos que pasaron separados
sin conocernos
preguntándonos dónde estaría el otro.
Podíamos hablar
o callar y decir tanto.
Podíamos mirarnos
y sentir que nos alcanzábamos
sin tocarnos.
Era la magia del olor
de la primavera
o era tu magia
o era la mía.
O éramos los dos o nadie o todos.
Podíamos hablar de la magia
podíamos ser
la magia
Podíamos soñar la magia.
Podíamos soñar.
Sabías qué pensaba
cuando me decías
cosas sin sentido
y si reía
o lloraba
sabías que era
o no
por ti.
Sabías mirarme
sin que me diera cuenta.
Sabías contar
historias
como si fueran ciertas.
Y agarrar mi mano
cuando lo necesitaba.
Podíamos hablar de la magia
del olor
de las flores
y del verano.
De los veranos que pasaron separados
sin conocernos
preguntándonos dónde estaría el otro.
Podíamos hablar
o callar y decir tanto.
Podíamos mirarnos
y sentir que nos alcanzábamos
sin tocarnos.
Era la magia del olor
de la primavera
o era tu magia
o era la mía.
O éramos los dos o nadie o todos.
Podíamos hablar de la magia
podíamos ser
la magia
Podíamos soñar la magia.
Podíamos soñar.
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miércoles, 4 de septiembre de 2013
(sin título)
Me pregunto
si me recuerdas
como yo te olvido.
Me pregunto si me recuerdas como yo te olvido
y me olvidas al recordarme.
Si sonríes cuando mi aroma
llega a tus oídos,
si aparezco en tus ojos.
Tus ojos.
Tanto te recuerdo que olvidé su color.
Me pregunto si me olvidas
tanto como yo te recuerdo
y si es así,
¿qué forma tomo?
¿Soy un tigre, soy un vaso, soy un sable?
¿Me recuerdas cuando ven la luna?
¿Me recuerdas cuando canta, cuando se aman, cuando se odian?
¿Me olvidas al morir y al renacer?
¿Me ves en la calle, entre la gente?
Me pregunto.
Me pregunto
si me recuerdas
tanto
como yo
te olvido.
si me recuerdas
como yo te olvido.
Me pregunto si me recuerdas como yo te olvido
y me olvidas al recordarme.
Si sonríes cuando mi aroma
llega a tus oídos,
si aparezco en tus ojos.
Tus ojos.
Tanto te recuerdo que olvidé su color.
Me pregunto si me olvidas
tanto como yo te recuerdo
y si es así,
¿qué forma tomo?
¿Soy un tigre, soy un vaso, soy un sable?
¿Me recuerdas cuando ven la luna?
¿Me recuerdas cuando canta, cuando se aman, cuando se odian?
¿Me olvidas al morir y al renacer?
¿Me ves en la calle, entre la gente?
Me pregunto.
Me pregunto
si me recuerdas
tanto
como yo
te olvido.
viernes, 9 de agosto de 2013
Vi
¿Recuerdas cuando me querías?
Yo ya lo estaba olvidando.
De pronto, llegó a mí
como un viento fuerte
o un choque violento.
Desperté.
Abrí los ojos, reí.
Traté de recordar los detalles
pero estos se fueron de mi lado
y no los encontré.
Se los llevó el mismo viento
que los trajo
y reí más fuerte
ya sin miedo,
ya sin amor.
Yo ya lo estaba olvidando.
De pronto, llegó a mí
como un viento fuerte
o un choque violento.
Desperté.
Abrí los ojos, reí.
Traté de recordar los detalles
pero estos se fueron de mi lado
y no los encontré.
Se los llevó el mismo viento
que los trajo
y reí más fuerte
ya sin miedo,
ya sin amor.
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viernes, 19 de julio de 2013
Autos
Nos sentamos en una banca
para ver pasar los carros.
Iba a preguntarte:
¿por qué me quieres?
Pero recordé,
no sabía si me querías.
Entonces callé.
Luego, salí de mi cuerpo
y nos vi sentados ahí
pensando lo mismo
y callando lo mismo.
Puse mi cabeza en tu hombro,
sonreímos
y todo terminó.
para ver pasar los carros.
Iba a preguntarte:
¿por qué me quieres?
Pero recordé,
no sabía si me querías.
Entonces callé.
Luego, salí de mi cuerpo
y nos vi sentados ahí
pensando lo mismo
y callando lo mismo.
Puse mi cabeza en tu hombro,
sonreímos
y todo terminó.
lunes, 25 de marzo de 2013
365x3
Tres
cientos
sesenta y cinco
días
por tres.
Añádele uno más
o mil.
Añádele decenas de lunas
o cien.
Miles de estrellas
que no pudimos ver
sobre nuestras cabezas.
Y se fueron.
Desaparecieron
millones de años luz atrás.
"¿Cuántas más vendrán?",
se preguntó Tarcila
mientras te miraba
a los ojos.
Tú no sabías
qué pasaba
por su cabeza,
pero sonreíste:
por la tuya
pasaba
lo mismo.
cientos
sesenta y cinco
días
por tres.
Añádele uno más
o mil.
Añádele decenas de lunas
o cien.
Miles de estrellas
que no pudimos ver
sobre nuestras cabezas.
Y se fueron.
Desaparecieron
millones de años luz atrás.
"¿Cuántas más vendrán?",
se preguntó Tarcila
mientras te miraba
a los ojos.
Tú no sabías
qué pasaba
por su cabeza,
pero sonreíste:
por la tuya
pasaba
lo mismo.
jueves, 25 de octubre de 2012
Nos están encerrando.
Gigantes crecen
a nuestro alrededor.
Y nosotros
vamos quedándonos
a oscuras.
La sombra
se ha hecho mayor.
El sol
llega a mi patio
por solo unos minutos.
La luna
no se asoma ya.
¿Y tú?
Tanto han crecido ya
los gigantes
que no me encuentras
debajo de su brazo.
No siento más tu olor
ni escucho tu voz
ni tu risa.
Solo veo la oscuridad
del encierro
y la soledad.
Hace tanto
que no veo una estrella
ni una flor
un árbol
un ave.
Los gigantes se agachan sobre mí
y yo me hago
más pequeña cada vez.
Guardo tu recuerdo
donde nadie pueda encontrarlo
-ni yo al volver-
apago mis ojos
jueves, 4 de octubre de 2012
La luna
Dices que tienes que
observar
y conversar
Y yo me pregunto aquí sola
¿Con quién hablaré yo? ¿A
quién observaré?
Si mi voz y mis ojos se
han gastado
y así todavía existieran,
no tienen a quién mirar
porque no hay nada
alrededor.
No hay nadie.
Mis brazos, que siguen
fuertes
no tienen a quién abrazar.
Mis labios, que se están
secando
no tienen a quién besar.
Mis oídos ya no oyen,
pues no hay música ya
y mis pies no quieren
andar.
Aunque mi cerebro les dice
“huyan, váyanse lejos de aquí”
ellos no le hacen caso.
Entonces mi cerebro quiere
llorar
pero mis ojos ya no tienen
lágrimas.
Entonces mi cerebro quiere
gritar
pero mi garganta ya no
tiene voz.
Entonces mi cerebro quiere
golpear
pero en mis brazos se
forma el abrazo.
Dices que tienes que
observar
y conversar
Y yo me pregunto aquí sola
¿Cómo te hablaré? ¿Cuándo
te veré?
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