Eres la sombra en la pared.
Esa cara de la luna
innegable,
imposible de olvidar.
Existe así
no pueda tenerla.
Los días eternos,
las noches que no acaban:
tú.
Cruel recuerdo
de una vida,
manejas los hilos
de una marioneta
que ya no ríe.
La sombra,
lo oculto,
el fin.
La mueca imparable
del amor.
El viento inmóvil,
este viento que pasa
y nos deja aspirando
el humo
el aire
enrarecido
que ahoga
y asesina.
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jueves, 5 de noviembre de 2015
jueves, 22 de octubre de 2015
Roma
Tarcila estaba enferma. Era la mujer de ese cuento, que cae en cama donde un insecto anidado en su almohada le chupa toda la sangre y muere al final. Nadie conocía la causa de su mal, hasta que la mucama, una vez muerta la señora, cambiando las sábanas descubre al animal.
Era ella.
O no. Era él, el hombre, el que queda viudo después de ver a la esposa en larga agonía sin poder hacer nada, sin ser capaz de llegar al fondo del asunto. Era los brazos cruzados, el ir y venir por la habitación, el conversar con los médicos, el perderla poco a poco, la impotencia, las manos atadas.
Era él.
O no, era ella, la otra ella: la mucama. La empleada fiel que nunca notó que en esa almohada un parásito se llevaba la vida, las mejillas rosadas, la risa, la juventud. Era la culpa, el debí haberme dado cuenta, el llanto en el cuarto del fondo, el pedir perdón demasiado tarde porque sabes que debiste haber hecho mejor.
Era ella.
O no, era ellos, los médicos. Era los doctores que no notaron que esto no era un debilitarse, no era enfermedad, no era muerte natural. Era algo me está matando, nos está separando de la vida, algo se apodera de mí y me lleva lejos. Y no lo vimos, no sabemos, no supimos. No importan la experiencia, los títulos, los diplomas en la pared. Te escurriste de nuestras manos como arena tibia en una mañana soleada.
Era ellos.
Era todos. Era la enfermedad, la muerte, la impotencia, los ojos cerrados, el no saber, el mirar al costado, el recuerdo y el verte al final del pasillo, sin color en el rostro, la sonrisa débil, las manos vacías y yo al fondo, al otro lado, lejos ya, muriendo, errando, desviando la mirada, cerrando el libro, final del cuento, adiós amado, adiós mi vida y no hay nada que pueda hacer ya, el sol se pone detrás de las olas, cierro los ojos, cierro el libro, se acaba el cuento, ve tranquilo, el amor duerme, se terminó el libro, llegó el final, nos escapamos, despedida infinita, que no termine este abrazo, pero mis ojos están cerrados y soy cuerpo inerte, el alma flota en la habitación y se va lejos, no queda duda: es el final.
Era ella.
O no. Era él, el hombre, el que queda viudo después de ver a la esposa en larga agonía sin poder hacer nada, sin ser capaz de llegar al fondo del asunto. Era los brazos cruzados, el ir y venir por la habitación, el conversar con los médicos, el perderla poco a poco, la impotencia, las manos atadas.
Era él.
O no, era ella, la otra ella: la mucama. La empleada fiel que nunca notó que en esa almohada un parásito se llevaba la vida, las mejillas rosadas, la risa, la juventud. Era la culpa, el debí haberme dado cuenta, el llanto en el cuarto del fondo, el pedir perdón demasiado tarde porque sabes que debiste haber hecho mejor.
Era ella.
O no, era ellos, los médicos. Era los doctores que no notaron que esto no era un debilitarse, no era enfermedad, no era muerte natural. Era algo me está matando, nos está separando de la vida, algo se apodera de mí y me lleva lejos. Y no lo vimos, no sabemos, no supimos. No importan la experiencia, los títulos, los diplomas en la pared. Te escurriste de nuestras manos como arena tibia en una mañana soleada.
Era ellos.
Era todos. Era la enfermedad, la muerte, la impotencia, los ojos cerrados, el no saber, el mirar al costado, el recuerdo y el verte al final del pasillo, sin color en el rostro, la sonrisa débil, las manos vacías y yo al fondo, al otro lado, lejos ya, muriendo, errando, desviando la mirada, cerrando el libro, final del cuento, adiós amado, adiós mi vida y no hay nada que pueda hacer ya, el sol se pone detrás de las olas, cierro los ojos, cierro el libro, se acaba el cuento, ve tranquilo, el amor duerme, se terminó el libro, llegó el final, nos escapamos, despedida infinita, que no termine este abrazo, pero mis ojos están cerrados y soy cuerpo inerte, el alma flota en la habitación y se va lejos, no queda duda: es el final.
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jueves, 15 de octubre de 2015
Morar
Hace diez millones de noches
que no duermo.
Vives en mi cabeza,
robas mi sueño.
Vives
en el tic tac del reloj,
en los ruidos de la calle
desierta,
en el sonido de las gotas
del caño de la cocina
que cuando te fuiste
dejó de funcionar.
Esta casa inmensa
solo alberga tu recuerdo
y mi fantasma.
Acechamos los pasillos,
arrastramos las cadenas,
caemos al abismo
del olvido,
de la pena.
que no duermo.
Vives en mi cabeza,
robas mi sueño.
Vives
en el tic tac del reloj,
en los ruidos de la calle
desierta,
en el sonido de las gotas
del caño de la cocina
que cuando te fuiste
dejó de funcionar.
Esta casa inmensa
solo alberga tu recuerdo
y mi fantasma.
Acechamos los pasillos,
arrastramos las cadenas,
caemos al abismo
del olvido,
de la pena.
jueves, 20 de agosto de 2015
Sin título
O le falta al Amor conocimiento
o le sobra crueldad
(...)¿quién ordena
el terrible dolor que adoro y siento?
(Cervantes)
Te irás una vez más
y yo quedaré en la calle, vacío
mi pecho; mi nombre, Soledad.
El mundo seguirá
apretando su odio contra mí. Y mis
brazos, vacíos; sin risa el rostro;
distante el pasado,
pisándome la frente, el futuro
golpeando mis entrañas, el hoy.
No voltearé hacia ti.
No encontraré recuerdos, no esperaré
tu mano acariciando mi piel.
Preguntaré, en cambio,
qué camino me sacará del limbo,
del vacío. Preguntaré
cuál de estos caminos
será el que finalmente me lleve
y me arranque de la verdad.
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jueves, 30 de julio de 2015
No
No seré yo
lo primero que veas al despertar,
ni mi cuerpo
lo que te mantenga caliente en las frías
noches de este invierno.
No será mi recuerdo
lo que te persiga en sueños,
ni la ilusión
la que construya tu futuro,
ni mi llanto
lo que consueles cuando caiga
de muy alto.
No será el silencio
lo que disfrutes a mi lado,
mi canto
el susurro en tu oído,
mis labios
zumbando en tu cuello.
No seré yo
ni serás tú
lo que veamos al alzar los ojos
hacia el espejo.
No estará mi sombra
pisándote los talones
cuando quieras huir
del mundo.
Detrás de las esquinas
solo hallarás aire
vacío y nostalgia,
pues no habrá
sorpresas esperándote.
No conocerás el universo conmigo
ni vivirás nada nuevo a mi lado
ni imaginarás ciudades a medida.
Los sueños, los días, los dolores de cabeza
no serán compartidos.
Las risas, los llantos, los golpes,
los gritos,
el odio, el amor.
No seré yo, no seremos tú
lo primero que veas
al despertar
ni lo último que pensemos
al ir a dormir.
lo primero que veas al despertar,
ni mi cuerpo
lo que te mantenga caliente en las frías
noches de este invierno.
No será mi recuerdo
lo que te persiga en sueños,
ni la ilusión
la que construya tu futuro,
ni mi llanto
lo que consueles cuando caiga
de muy alto.
No será el silencio
lo que disfrutes a mi lado,
mi canto
el susurro en tu oído,
mis labios
zumbando en tu cuello.
No seré yo
ni serás tú
lo que veamos al alzar los ojos
hacia el espejo.
No estará mi sombra
pisándote los talones
cuando quieras huir
del mundo.
Detrás de las esquinas
solo hallarás aire
vacío y nostalgia,
pues no habrá
sorpresas esperándote.
No conocerás el universo conmigo
ni vivirás nada nuevo a mi lado
ni imaginarás ciudades a medida.
Los sueños, los días, los dolores de cabeza
no serán compartidos.
Las risas, los llantos, los golpes,
los gritos,
el odio, el amor.
No seré yo, no seremos tú
lo primero que veas
al despertar
ni lo último que pensemos
al ir a dormir.
jueves, 4 de junio de 2015
Volver
Amores habrás tenido,
muchos amores,
María bonita, María del alma.
Pero ninguno tan bueno
ni tan honrado
como el que hiciste que en mí brotara.
Agustín Lara - María Bonita
Hoy te vi:
compartimos la mesa
pero no el pan,
ni la sonrisa.
Te cuidé del enemigo
y no pude
tomarte en mis brazos.
Te vi en mis sueños
y fue real.
Casi pude olerte,
sentir tus brazos,
pero estabas lejos
y no solo en cuerpo.
Hoy te vi
estábamos en lo alto
y veíamos toda la ciudad.
Me ahogué mientras dormía
porque sin ti
no pude respirar.
Desperté y tu recuerdo estaba
tan vivo y presente
que pensé
que te vi.
jueves, 9 de abril de 2015
No apagues la luz
Te recordaré cada séptimo día.
Las caminatas
y las olas reventando salvajes
contra las piedras.
Recordaré el sol
brillando a nuestra derecha
y ausente a la izquierda
como adivinando la despedida
y llorando de antemano.
Pensaré en ti
y en tu risa
tus manos
y tu invierno,
el abrazo roto
y las promesas
que jamás serán.
Te recordaré al nacer el sol
cada séptimo día.
El alba anunciará tu regreso fugaz.
Para el ocaso
tu imagen ya se habrá ido.
Las caminatas
y las olas reventando salvajes
contra las piedras.
Recordaré el sol
brillando a nuestra derecha
y ausente a la izquierda
como adivinando la despedida
y llorando de antemano.
Pensaré en ti
y en tu risa
tus manos
y tu invierno,
el abrazo roto
y las promesas
que jamás serán.
Te recordaré al nacer el sol
cada séptimo día.
El alba anunciará tu regreso fugaz.
Para el ocaso
tu imagen ya se habrá ido.
jueves, 26 de marzo de 2015
Tu voz
escucharé tu voz
aunque me muera.
esa voz de tiempo pasado,
de puesta de sol.
escucharé tu voz
aunque la vida
se haya ido de mi cuerpo
y yazga yo en el ocaso.
será tu voz la que suene
cuando todos se hayan ido
y quede yo
con mi ropa de fiesta.
serán tus palabras
las que el viento me traiga
cuando las lágrimas
se hayan secado.
tu voz y tu recuerdo
invadirán el presente
y no habrá reclamo
que los borre.
el infierno
o el pasado
o el invierno
volverán contigo.
y no tendré más ya
nada que oír
excepto
tu voz.
aunque me muera.
esa voz de tiempo pasado,
de puesta de sol.
escucharé tu voz
aunque la vida
se haya ido de mi cuerpo
y yazga yo en el ocaso.
será tu voz la que suene
cuando todos se hayan ido
y quede yo
con mi ropa de fiesta.
serán tus palabras
las que el viento me traiga
cuando las lágrimas
se hayan secado.
tu voz y tu recuerdo
invadirán el presente
y no habrá reclamo
que los borre.
el infierno
o el pasado
o el invierno
volverán contigo.
y no tendré más ya
nada que oír
excepto
tu voz.
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jueves, 20 de noviembre de 2014
20
Quiso librarse de su abrazo
pero su abrazo estaba en todos lados.
Estaba en las luces del semáforo
y en el asfalto.
En la garúa
y en las huellas que sus zapatos dejaban
después de pisar un charco.
Quiso librarse de su abrazo,
pero su olor se había impregnado en ella
y la seguía
cuando bajaba y subía las escaleras
cuando reía
y cuando no hablaba.
Quiso librarse de su abrazo, vivir por ella misma, sujertarse en sus propias piernas, en su propia fuerza, pero el abrazo no la dejaba, el abrazo la perseguía, la acosaba, aparecía en sus sueños, se iba a dormir con ella y ahí estaba cuando despertaba.
Quiso librarse de su abrazo
pero era tarde ya.
Quiso ser ella
no ser él
no ser ellos o nosotros
pero el abrazo insistía
como ya rémora
o una mancha
que no se va
con las lavadas.
Cuando vino la caída
entendió
por qué vivía en el abrazo:
el abrazó no la dejó caer
cuando sus piernas temblaron.
El abrazo aguantó los golpes con ella
la defendió del odio
le devolvió
la sonrisa
el abrazo
la salvó
del olvido
de la oscuridad.
Se dio cuenta al fin
que el abrazo
era él, eran ellos,
ellas y nosotros
que no nos íbamos
a abandonar.
Y ya no sintió la opresión
la fuerza.
Sintió la paz,
el amor.
pero su abrazo estaba en todos lados.
Estaba en las luces del semáforo
y en el asfalto.
En la garúa
y en las huellas que sus zapatos dejaban
después de pisar un charco.
Quiso librarse de su abrazo,
pero su olor se había impregnado en ella
y la seguía
cuando bajaba y subía las escaleras
cuando reía
y cuando no hablaba.
Quiso librarse de su abrazo, vivir por ella misma, sujertarse en sus propias piernas, en su propia fuerza, pero el abrazo no la dejaba, el abrazo la perseguía, la acosaba, aparecía en sus sueños, se iba a dormir con ella y ahí estaba cuando despertaba.
Quiso librarse de su abrazo
pero era tarde ya.
Quiso ser ella
no ser él
no ser ellos o nosotros
pero el abrazo insistía
como ya rémora
o una mancha
que no se va
con las lavadas.
Cuando vino la caída
entendió
por qué vivía en el abrazo:
el abrazó no la dejó caer
cuando sus piernas temblaron.
El abrazo aguantó los golpes con ella
la defendió del odio
le devolvió
la sonrisa
el abrazo
la salvó
del olvido
de la oscuridad.
Se dio cuenta al fin
que el abrazo
era él, eran ellos,
ellas y nosotros
que no nos íbamos
a abandonar.
Y ya no sintió la opresión
la fuerza.
Sintió la paz,
el amor.
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jueves, 9 de octubre de 2014
(Des)
He olvidado tu cara.
No tus manos ni tus ojos ni tus labios.
Solo tu cara.
He olvidado cómo luces.
Cuando nos crucemos en la calle,
-desconocidos aún-
no te reconoceré.
He olvidado tu cara.
No sé quién eres,
no sé tu nombre.
No reconozco tu voz.
Te busco día a día.
Te busco en mis sueños
y te llamo.
Te invoco.
Te nombro todos los días
y te sé de memoria,
te conozco al pie de la letra.
Pero, cuando nos crucemos en la calle,
-desconocidos para siempre-
no te reconoceré.
No tus manos ni tus ojos ni tus labios.
Solo tu cara.
He olvidado cómo luces.
Cuando nos crucemos en la calle,
-desconocidos aún-
no te reconoceré.
He olvidado tu cara.
No sé quién eres,
no sé tu nombre.
No reconozco tu voz.
Te busco día a día.
Te busco en mis sueños
y te llamo.
Te invoco.
Te nombro todos los días
y te sé de memoria,
te conozco al pie de la letra.
Pero, cuando nos crucemos en la calle,
-desconocidos para siempre-
no te reconoceré.
jueves, 25 de septiembre de 2014
Distancia
qué lejanos vi hoy
tus ojos frente a mis ojos
tu aire atravesando mi aire
tus manos sobre mis manos
tu risa sobre mi llanto
tus besos sobre mis labios
tu voz en mi oído
tu abrazo rodeando mi alma
tu odio
tu amor
tu mirada
tu barba
tus uñas
tus dientes
tus piernas
qué lejanos vi hoy tus ojos mirándome desde otra galaxia. y eran ellos, eras tú quien me miraba y ya no me desnudaba: me golpeaba. eras tú y eran ellos y eran ustedes y nosotros quienes me odiaban y yo los amaba desde el fondo del agua allá lejos, lejos en la tierra.
qué lejanos vi hoy
tus ojos comiéndose mis miedos
y tu cuerpo descomponiéndose
en mi abrazo.
qué lejano vi hoy
al amor que compartimos
y al hombre
y al niño
y al juego
y la risa.
qué lejanos los vi hoy.
lejos
lejísimos
qué ajenos
distantes
sueños.
qué lejanos vi hoy
tus ojos frente a mis ojos
y tu aire con el mío
y tus manos sobre esto
que llamo manos.
y tu risa
tu risa sobre mi llanto.
qué lejanos
los vi hoy.
tus ojos frente a mis ojos
tu aire atravesando mi aire
tus manos sobre mis manos
tu risa sobre mi llanto
tus besos sobre mis labios
tu voz en mi oído
tu abrazo rodeando mi alma
tu odio
tu amor
tu mirada
tu barba
tus uñas
tus dientes
tus piernas
qué lejanos vi hoy tus ojos mirándome desde otra galaxia. y eran ellos, eras tú quien me miraba y ya no me desnudaba: me golpeaba. eras tú y eran ellos y eran ustedes y nosotros quienes me odiaban y yo los amaba desde el fondo del agua allá lejos, lejos en la tierra.
qué lejanos vi hoy
tus ojos comiéndose mis miedos
y tu cuerpo descomponiéndose
en mi abrazo.
qué lejano vi hoy
al amor que compartimos
y al hombre
y al niño
y al juego
y la risa.
qué lejanos los vi hoy.
lejos
lejísimos
qué ajenos
distantes
sueños.
qué lejanos vi hoy
tus ojos frente a mis ojos
y tu aire con el mío
y tus manos sobre esto
que llamo manos.
y tu risa
tu risa sobre mi llanto.
qué lejanos
los vi hoy.
jueves, 28 de agosto de 2014
Lluvia
Llovió.
En su mente
en su alma
en sus ojos
en su piel.
Llovió
pero no
por cuarenta días
y cuarenta noches.
Llovió para siempre
una eternidad.
Llovió
y la lluvia
llegó a todos los rincones
de su vida
inundó el presente
el futuro
y el ayer.
Todo lo manchó
-escampó-
solo en una idea, en
un deseo.
porque,
en realidad,
llovió:
no paró.
En su mente
en su alma
en sus ojos
en su piel.
Llovió
pero no
por cuarenta días
y cuarenta noches.
Llovió para siempre
una eternidad.
Llovió
y la lluvia
llegó a todos los rincones
de su vida
inundó el presente
el futuro
y el ayer.
Todo lo manchó
-escampó-
solo en una idea, en
un deseo.
porque,
en realidad,
llovió:
no paró.
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no sé,
Noé
jueves, 21 de agosto de 2014
no buscar
Me perdí
entre los árboles
o detrás de un cartel
de prohibido estacionar.
Me fui perdiendo poco a poco
y en el proceso
te fui perdiendo a ti
los fui perdiendo a todos.
Perdí la poca cordura
que me quedaba.
Perdí la respiración,
perdí la sangre.
Me perdí muy lento
casi sin darme cuenta
y cuando lo vi,
llegó el dolor.
Tal vez ya estaba muerta cuando me encontraste entre los escombros del fin del mundo.
Quizás lo que sacaste de entre las piedras era mi cuerpo sin alma.
Y cuando despertamos, éramos ya un recuerdo tan lejano, que casi sonaba ficticio.
Estabas por todas partes, pero no nos reconocimos.
Total,
ya me había perdido
hacía mucho.
¿Qué más daba?
Si era mi cuerpo
o era el tuyo
o era solo un pedazo
del ayer.
Me perdí,
nos perdí,
nos perdimos.
En plural.
entre los árboles
o detrás de un cartel
de prohibido estacionar.
Me fui perdiendo poco a poco
y en el proceso
te fui perdiendo a ti
los fui perdiendo a todos.
Perdí la poca cordura
que me quedaba.
Perdí la respiración,
perdí la sangre.
Me perdí muy lento
casi sin darme cuenta
y cuando lo vi,
llegó el dolor.
Tal vez ya estaba muerta cuando me encontraste entre los escombros del fin del mundo.
Quizás lo que sacaste de entre las piedras era mi cuerpo sin alma.
Y cuando despertamos, éramos ya un recuerdo tan lejano, que casi sonaba ficticio.
Estabas por todas partes, pero no nos reconocimos.
Total,
ya me había perdido
hacía mucho.
¿Qué más daba?
Si era mi cuerpo
o era el tuyo
o era solo un pedazo
del ayer.
Me perdí,
nos perdí,
nos perdimos.
En plural.
jueves, 14 de agosto de 2014
Abrir de ojos
Desperté contigo a mi lado
pero no eras más
que un aire tibio en la almohada.
Tu respiración
no se convirtió
en un abrazo
porque tus manos
estaban ya lejos
de mi cuerpo.
Desperté contigo a mi lado
y no me miraste
ni me dijiste te quiero.
Tu sonrisa
no se transformó
en luz
porque tu boca
ya besaba
otros labios.
Desperté contigo a mi lado
eras tú y no lo eras
pero te escuché claro.
Te supe dentro de mí
en mi cuerpo,
en mi vida, en mi piel.
Y tu olor
no era ya más
que un recuerdo viejísimo.
Desperté
contigo, sin ti
a mi lado.
Volví a dormir
y a despertar
y seguiste ahí,
evidente.
Sin mí.
pero no eras más
que un aire tibio en la almohada.
Tu respiración
no se convirtió
en un abrazo
porque tus manos
estaban ya lejos
de mi cuerpo.
Desperté contigo a mi lado
y no me miraste
ni me dijiste te quiero.
Tu sonrisa
no se transformó
en luz
porque tu boca
ya besaba
otros labios.
Desperté contigo a mi lado
eras tú y no lo eras
pero te escuché claro.
Te supe dentro de mí
en mi cuerpo,
en mi vida, en mi piel.
Y tu olor
no era ya más
que un recuerdo viejísimo.
Desperté
contigo, sin ti
a mi lado.
Volví a dormir
y a despertar
y seguiste ahí,
evidente.
Sin mí.
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Tarcila
jueves, 24 de julio de 2014
Ajeno
Ajeno.
¿de quién eran esos ojos
que la miraban de lejos?
¿de quién esa sonrisa,
esos brazos,
esa alma
que llenaba la habitación?
su voz se había vuelto
como un eco distante
y hablaba un idioma
que ella no podía reconocer.
Ajeno.
¿quién eres?
¿de dónde has venido?
sintió que había viajado
de mucho tiempo atrás,
cargando consigo
el recuerdo de un amor
que se aferraba de las garras
al techo
a las paredes
a las ventanas
vino del pasado
donde solo había olvido
Ajeno.
nunca supo
que jamás le perteneció.
¿de quién eran esos ojos
que la miraban de lejos?
¿de quién esa sonrisa,
esos brazos,
esa alma
que llenaba la habitación?
su voz se había vuelto
como un eco distante
y hablaba un idioma
que ella no podía reconocer.
Ajeno.
¿quién eres?
¿de dónde has venido?
sintió que había viajado
de mucho tiempo atrás,
cargando consigo
el recuerdo de un amor
que se aferraba de las garras
al techo
a las paredes
a las ventanas
vino del pasado
donde solo había olvido
Ajeno.
nunca supo
que jamás le perteneció.
miércoles, 28 de mayo de 2014
Sin título
Lo tocó.
Pasó sus manos por su cara.
Su nariz
sus ojos
y su boca.
No lo miró.
No necesitó verlo
para saber
que no era Él.
Esa no era la piel
que tantas veces
había besado.
Sus manos no reconocían
ese rostro;
las líneas de su frente
no contaban
la misma historia.
Se llevó las manos
a los bolsillos.
Se dio la vuelta
y regresó
a la piel de siempre.
A la piel conocida.
Al amor.
Pasó sus manos por su cara.
Su nariz
sus ojos
y su boca.
No lo miró.
No necesitó verlo
para saber
que no era Él.
Esa no era la piel
que tantas veces
había besado.
Sus manos no reconocían
ese rostro;
las líneas de su frente
no contaban
la misma historia.
Se llevó las manos
a los bolsillos.
Se dio la vuelta
y regresó
a la piel de siempre.
A la piel conocida.
Al amor.
viernes, 9 de mayo de 2014
Tristeza
Era tristeza.
Como el arreglo de flores
que alguien olvidó quitar de una plaza
y yace muerto bajo la estatua del conquistador.
Como un amor terminado
de un solo lado
y de otro lado infinito.
Como un cielo morado
en una tarde de invierno.
Era tristeza pura
como una risa sin eco
como un charco de agua
en medio de un parque sin niños.
Como tus manos
en mi mente en mi cuerpo.
Como esos árboles que decoran avenidas concurridas
llenos de hollín y de olvido
faltos de agua, de amor.
Era tristeza
como un hueco en el pecho
como las conversaciones imaginarias
que ya sabía de memoria.
Era tristeza
era dolor
era olvido
era,
quizás
tu voz.
Como el arreglo de flores
que alguien olvidó quitar de una plaza
y yace muerto bajo la estatua del conquistador.
Como un amor terminado
de un solo lado
y de otro lado infinito.
Como un cielo morado
en una tarde de invierno.
Era tristeza pura
como una risa sin eco
como un charco de agua
en medio de un parque sin niños.
Como tus manos
en mi mente en mi cuerpo.
Como esos árboles que decoran avenidas concurridas
llenos de hollín y de olvido
faltos de agua, de amor.
Era tristeza
como un hueco en el pecho
como las conversaciones imaginarias
que ya sabía de memoria.
Era tristeza
era dolor
era olvido
era,
quizás
tu voz.
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