domingo, 3 de abril de 2011

Sueño

Por varios días seguidos, Tarcila había soñado que amaba a un hombre sin rostro. Cuando abría los ojos, no entendía bien qué había pasado, por qué había dado tanto a un desconocido, sintiendo que lo conocía de años. A la tercera noche, el hombre tuvo un rostro: era él, el de siempre. Cuando despertó, Tarcila recordó el sueño y lo comprendió todo. Siempre había sido el mismo hombre, el que había estado con ella por más de mil años y que no tenía intención de abandonarla. Cuando despertó, lo hizo con una sonrisa.
No pudo esperar a la noche, para volver a soñar.
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