lunes, 27 de diciembre de 2010

Dime

No recuerdo dónde he estado.
Se me confunden lugares y ciudades.
No sé qué recuerdos hicimos juntos,
qué recuerdos construí a tu lado,
cuáles creé en base a ti y a tu olor.
Todo se me mezcla en la cabeza
y no estoy segura en quién confiar:
¿en ti o en mi fantasía?

domingo, 28 de noviembre de 2010

Carta

Tarcila:
Sigues siendo la misma de siempre. Tus intentos de sonrisa no pueden ocultar las lágrimas que siempre están prestas a salir. Tus intentos de sonrisa no pueden ocultar tu tristeza.
Sigues siendo el llanto, sigues siendo el no-sé-qué, que te mueve algo dentro del pecho y te aleja de los demás.
Y como sigues siendo el amor no correspondido, el amor inventado, las noches eternas sin poder dormir, la música tristísima para no sentirte tan sola, el lejano olor de las flores, las tardes de pre-verano con el viento en los pies y las noches sin luna buscando estrellas, no puedes volver a sonreír con felicidad.
Tus sonrisas, Tarcila, siempre son con melancolía, y no te molesta del todo, porque siempre te gustó la melancolía, que es una tristeza bonita.
Seguirás dibujando estrellas, corazones y personas con escamas. Seguirás pintando en sepia, seguirás cantando elegías y romances. Seguirás siendo Tarcila por más de que trates de esconderte tras las sonrisas.
Los amores de tu vida seguirán huyendo de tus lágrimas, seguirán huyendo de tu sangre. Los amores de tu vida desaparecerán uno a uno como lo hicieron los cientos que pasaron. Los amores de tu vida se acumularán en tu recuerdo y no serán más parte de tu presente.
Acostúmbrate, Tarcila, porque, cuando menos te lo esperes, volverás a ser tú. Un día sí y uno no. Diez días sí y medio no. Y cada vez con más frecuencia, serás Tarcila, serás el corazón roto, serás sola, serás las tardes, las flores, las canciones, las lágrimas, las escamas, el sepia, el pecho. Serás el amor.

jueves, 25 de noviembre de 2010

...

Tu recuerdo está condenado
a regresar a mi mente a diario.
Todos los días se asoma;
yo juego con él un rato
y luego se va
sabiendo que mañana
todo será igual.
Tu recuerdo está condenado
a volver a mi mente a diario.
Ese es su castigo
por haberme dejado aquí
tan lejos de él.

martes, 2 de noviembre de 2010

viernes, 15 de octubre de 2010

Te espero (primavera 0)

Te vi de niño en un ómnibus. Tus dos manitas se agarraban fuerte del asiento -tú estabas de pie- intentando no caer en las curvas. Tus ojos querían verlo todo. Y todo lo veían, y todo lo llenaban de amor.
Te enamoraste en ese ómnibus, pero no de mí. Te enamoraste de alguien más y la admiraste y la quisiste mucho y deseaste, de alguna manera, ser ella. Yo, muy a mi manera, deseé ser tú algún día. Practiqué tu mirada y tu sonrisa tan pura. Ensayé tus manos y tus pies. Repasé cada gesto, cada movimiento y no logré ser tú. No logré que me miraras.
Ese instante, miles de años atrás, no significó nada para ti, no me extrañaste al día siguiente, no pensaste más en mí. Yo, en cambio, esperé a que creciéramos y nos encontráramos; te esperé pacientemente y hoy estamos aquí: dos completos desconocidos.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Sin título

¿Qué hicimos? Te dejé ir. A ti, uno de los miles amores de mi vida. Te dejé ir por dejar salir de mi boca algunas palabras que no sentía. O que solo creía que sentía.
Una vez más, una enésima vez más, me he quedado sola, nos hemos quedado solos. Estamos lejos y me piensas con odio, y yo te pienso con temor.
Temor de que la fuerza de gravedad deje de empujarme contra el piso (¿o de que me jale?), temor de irme volando al espacio exterior y no poder volver a verte. Temor, pánico de reventar en mil pedazos cuando deje la atmósfera, y todas esas otras ósferas que están encima del cielo que veo y que lloro todos los días porque no lo estamos viendo juntos. Temor, pánico de ti, de que sigas siéndome ajeno, de que me seas de otra.
Temor de seguir hablando, diciendo cosas en las que en realidad no creo, que se me ocurren en el momento y pienso que son verdad.
Temor de mí, pero temor de ti. Temor del nunca nosotros y del eterno yo, del siempre ustedes, del yo testigo y del yo lejana.
Y así será siempre, ni siquiera podré despedirme, porque será muy tarde y te habrás ido muy lejos. Ya me habrás olvidado, o quizás seré un recuerdo incómodo que tratarás de dejar en un rincón, junto a otras experiencias sin importancia. Yo, en cambio, te colocaré en un lugar especial, junto con esos otros amores de mi vida, y te recordaré cuando sienta tu olor en el ómnibus, o cuando escuche una canción que tal vez oí cuando pensaba en ti.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Noche

He tenido una mala noche.
Mi cuerpo funciona en piloto automático
y las ojeras me delatan.

He tenido una mala noche.
Me la pasé pensando en ti
hasta que salió el sol.

He tenido una mala noche
porque estuve moviéndome en la cama,
esperando encontrate cada vez que me volteaba.

He tenido una mala noche
porque me di cuenta
de que, sin ti a mi lado, nunca más podré dormir.

He tenido una mala noche
soñando contigo,
soñando que nos éramos.

He tenido una mala noche
sin ti.
El comienzo de una eternidad de noches
sin ti.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Dolor

No soñé que me dolías:
fue real.
Desperté con tu recuerdo
atravesado en el pecho.

martes, 31 de agosto de 2010

Distancia

Sabíamos que no iba a ser fácil.
Tú con tu vida,
yo tan lejos, tan con la mía.
El amor en algún punto medio.
Tanta era la distancia,
que a veces se nos hacía difícil hallarlo.
Cuando los dos lo veíamos,
todo era felicidad.
Pero pasaba que a veces solo yo podía encontrarlo
y ahí venía la pena.
La angustia de sentir que tal vez nunca concordaríamos.
Los ojos húmedos,
el temblor de las manos
las palabras sin decir.
No sabía si regresarías,
nunca lo sabía.
Solo me quedaba esperar.

lunes, 30 de agosto de 2010

Carta

Me pregunto qué me dirás en la carta que no vas a escribirme. Me contarás que extrañas tantos besos que no me llegaste a dar, tantos abrazos. Dirás que extrañas conocer cómo se sienten mis piernas al enredarse con las tuyas. Escribirás sobre las ganas infinitas que tienes de sentir que me quieres, y de decírmelo todos los días.
Recordarás las risas, el sexo, las caminatas, el sol en el malecón, lo que no fue.
Y yo leeré tu carta, una sonrisa de vez en cuando, y nos llenaremos de nostalgia.

jueves, 26 de agosto de 2010

Luna

Vio la Luna llenísima, redonda y amarilla y quiso ir volando a abrazarla. Atravesar ese árbol sin hojas que la tapaba por partes y llegar a ella, y contarle lo linda que estaba y darle besos en los cachetes.
Vio la Luna inmensa, completa de amor y quiso decirle "te quiero" y agradecerle por ser tan hermosa. Luego, regresar en caída libre hacia la Tierra y ser feliz por esa noche.

jueves, 5 de agosto de 2010

prueba

Seguía esperando la música que me llevaría hacia ti
pero no la pude encontrar.
Se estaba haciendo de noche en mi recuerdo
y tú todavía no llegabas.
"¿Dónde estás?" pregunté a gritos.
¿DÓNDE ESTÁS?
Nadie respondió.

martes, 3 de agosto de 2010

(sin título) N

Graduamos el agua para que nos gustara a los dos. Después, nos juntamos debajo de la ducha, sin saber bien qué hacer. Al principio pensamos que teníamos que imitar a las tantas veces vistas películas de Hollywood pero no tardamos en darnos cuenta de que ese momento era nuestro, que ningún director lejanísimo nos tenía que decir qué hacer.

Desde ese minuto, Tarcila amó más a esa dupla que no tenía mucho tiempo de formada, pero que se sentía tan real y tan correcta, que no quería ponerle un final jamás.

domingo, 1 de agosto de 2010

Mitades

Aun días después de haberla dejado, Tarcila seguía sintiendo sus manos alrededor de su cintura, de su pecho, de su ser. Seis letras habían dejado de ser suficientes, pero él ya no estaba para escuchar las tres que venían.
Sabía bien que tenía razones de sobra para llorar, para deshacerse en lágrimas y no salir de su cuarto por un buen tiempo, pero no lo hizo. El dolor era bien conocido para ella, y ya tenía las armas para controlarlo, para ser ella la dueña del dolor y no viceversa.
En parte se sentía feliz, porque las canciones de amor ya no la hacían llorar, podía ver parejas en la calle sin sentir odio, pero era su tacto del que no se podía olvidar. Ese recuerdo amenazaba con volverse dueño de ella y no dejarla controlar su emoción. Era eso precisamente lo que la preocupaba tanto.
A veces tenía miedo de no poder sacarse su beso, su abrazo. A veces temía por los días por venir, por cómo se tendría que comportar sintiendo que lo tenía tan cerca. A veces, solo a veces, sentía el nudo en la garganta que hacen las lágrimas antes de salir, de pensar que tal vez nunca se lo sacaría de su ser. De que el dolor podría crecer y salirse de control.
Pero, cada vez que esto pasaba, levantaba la cabeza, se miraba al espejo, trataba de ignorar el reflejo de él, que todavía no había salido del marco, y empezaba su día sola.

miércoles, 7 de julio de 2010

Calle

Empecé a extrañarte como no pensé que extrañaría más.
Empecé a extrañarte, empezó a hacerme falta tu vida junto a la mía.
Empezaron a faltarme tus ojos, tus manos, tu pecho.
Empecé a extrañar tu abrazo, tu aliento.

Cuando caminaba, veía tu cara en cada cuerpo que estaba en la calle.
Te extrañaba tanto, que imaginaba que andabas a mi lado.
Incluso escuchaba tu conversación.
Si no estabas, yo te dibujaba y te hacía estar junto a mí.

Empecé a incluirte en mis fantasías.
Dejé de diferenciarlas de la realidad.
Y cuando llegaste, ¿fuiste tú?
Y cuando te fuiste ¿quién quedó en tu lugar?

miércoles, 30 de junio de 2010

Ruido

Sentía una música, un ruido y no estaba segura de si venía de fuera o de dentro de mi cabeza. Entonces, no le di importancia y cuando dejó de sonar, me pregunté si se habrían malogrado mis audífonos o si se habría acabado la batería. El ruido fue parte de mí por un rato y todavía me hace falta. No lo convertí en nada de provecho: un verso, un estribillo, una canción. El ruído me quería acompañar por siempre, como un alma, pero yo lo ignoré. Y como lo ignoré, él no me necesitó más y, sin ningún aviso, se desvaneció. Fue entonces cuando sentí un vacío en el oído derecho.

domingo, 27 de junio de 2010

Encuentro

Planeó ese encuentro miles de veces:
Se imaginó qué decir, cuántos besos dar, cómo abrazar.
Calculó las miradas, los gestos, las sonrisas.
Organizó los vestidos, los regalos, la comida.
Escogió los olores, las texturas, las caricias.
Y entonces, cuando llegó el momento de la reunión, se quedó parada, inmóvil, muda.
No pudo hacer nada de lo que había planificado, pues la emoción del reencuentro le había quitado toda habilidad que no fuera estar ahí, riendo y llorando a la vez con una mirada.

viernes, 18 de junio de 2010

Nuevo

No sabía a quén besaba.
Tenía los ojos cerrados
y no podía imaginar tu cuerpo.
Tus labios no me ayudaban
a descifrarte.
Tu sabor era nuevo para mí.

jueves, 17 de junio de 2010

Sin final

Estoy recordando una historia, o un dibujo, o algo de un tiempo lejano.
O no tan lejano.
Has vuelto a mí como un intruso, te has apoderado de mi cabeza otra vez.
O tal vez nunca te fuiste.
No sé qué es, no sé si es melancolía, rabia o amor.
Solo sé que te siento una vez más, sé que estás en mi cuerpo como una náusea, como un escalofrío,
no te puedo separar de mí.
¿Quién te crees que eres?
Pensamos que ya te habías ido, que tenías una vida nueva, que ahora nosotras vivíamos una vida nueva, una vida feliz, una vida mejor.
Pero has regresado con esa melodía, no sé bien qué eres o quién eres, no entiendo bien lo que siento, solo sé que eres tú, eres tú tan vívido como ayer.
Y claro que tengo miedo de volver ahí, si fue una tumba de la que casi no escapo con vida.
Claro que tengo miedo de volver a ti, si fuiste tú quien la cavó y me enterró de un puntapié.
Claro que tengo miedo.

martes, 15 de junio de 2010

Antes de dormir

Estaba en tus manos, pero las tenías abiertas y temblabas. 
Entonces me caí.
Alguien me recogió
pero no me puso en sus palmas como tú.
Me abrazó a su lado 
y caminamos juntos.
Ya no resbalé.

lunes, 14 de junio de 2010

Tarcila no aprende

Tarcila volvió a despertarse con los brazos vacíos y la cama fría.
Tarcila volvió a decir "te quiero" sin escuchar nada de vuelta, volvió a decir te extraño sin recibir nada a cambio.
Tarcila volvió a mirar el vacío, volvió a escuchar su silencio, volvió a sentir la melancolía.
Tarcila volvió a ser la que siempre ama y nunca olvida.
Tarcila volvió a ser la eterna enamorada y nunca correspondida.
Tarcila volvió a ser Tarcila, a ser ella sola, a ser ella misma.

jueves, 10 de junio de 2010

Vivo en un país libre

Deseaba con toda su alma quedarse en ese abrazo.
Dormir en el abrazo, despertar en el abrazo.
Permanecer en esos brazos que habían sido los únicos en sacarla de sí.
Nadie más que esos brazos y ese cuerpo habían logrado recibir todo de ella, habían logrado que ella diera todo de sí, que se entregase sin pensar.
Deseaba con toda su alma quedarse en ese pecho, en ese aliento, en el calor.
Deseaba, moría por decir TE QUIERO, por decir soy tuya, por usar su boca para decir lo que su cuerpo hacía tiempo demostraba.
Quería con toda su alma ser una con él, ser única en él.
Deseaba volver eternos todos los instantes, cada segundo con él.
Se preguntaba si eran reales los abrazos y los escalofríos, los nervios, la desesperación por verlo.
Y quería que todo fuera verdad. No quería despertar jamás, no quería chocar con la realidad.
Sabía que, si lo deseaba tanto como lo hacía, se volvería cierta toda su fantasía.

lunes, 7 de junio de 2010

Gente

Gente que camina por la calle
gente que odia la ciudad
gente que vive eternamente
luchando por su libertad.

Gente que duerme en cualquier parte
gente que no le teme al sol
gente que aun mira a los ojos
gente que cree en el amor.

lunes, 31 de mayo de 2010

Sonreir

Saber que por fin puedo verte a la cara sin sentir náuseas.
Saber que si lloro, mis lágrimas son de felicidad y sonrío detrás de ellas.
Saber que si te pienso es de casualidad, no porque te busqué.
Saber que ya no mandas en mi cerebro, que ya no mandas en mi vida.
Saber que puedo ser yo, que puedo vivir, que he vuelto a creer en mí.
Saber que ya no te pienso en un nosotros, en un suspiro casi ahogado.
Saber que esa angustia que sentía se fue lejos, tal vez fue a buscarte, porque ya no la necesito.
Saber que los clavos que me mantenían anclada al piso por fin se oxidaron y se destruyeron y me dejaron andar.
Saber que eres tú muy lejos de mi, saber que soy yo muy dentro de mi.
Saber, solo saber, solo sentir, solo querer.

domingo, 30 de mayo de 2010

1500 piezas

A veces me olvido de tu cara y me viene por pedacitos. Yo los junto como un rompecabezas y armo tu imagen en mi mente. De vez en cuando inclusive vienes con olor -así de avanzados somos- y yo sonrío por tenerte en la memoria a pesar de que nunca te tendré en el abrazo.

miércoles, 26 de mayo de 2010

(sin título)


Ahora sí gritó. De frío, porque la nieve le estaba entrando por los zapatos rotos, porque yéndose camino de la plaza iba Alina Reyes lindísima en su sastre gris, el pelo un poco suelto contra el viento, sin dar vuelta la cara y yéndose.
Lejana
Julio Cortázar



Pensó que era su reflejo, pero cuando vio bien, se dio cuenta de que era la imagen de alguien más al otro lado del vidrio.
Pensó que se veía diferente, que se movía diferente, que olía diferente, pero era alguien más, no era ella, era una lejana, una antípoda, una que solo vivía en su imaginación y que se estaba concretando ahí, al otro lado del vidrio.
De todas maneras era imposible. Estaba cerca, cerquísima, pero las dividía una barrera de vidrio y el carro que la llevaba automáticamente quién sabe a dónde. Se separaban, no podían estar juntas, ella sabía bien qué pasaría en el abrazo porque había leído esa historia miles de veces.
Las ruedas siguieron girando, se alejaron por única vez, ya no la veré, el peligro ha pasado, ya no escribiré sobre ella, ya no sufriré por ella, ya no más.
Seguirá siendo la lejana, seguiré tratando de ignorarla, seguiré siendo yo sola.
No confundiré mi reflejo, porque ahora será siempre mi reflejo.

sábado, 22 de mayo de 2010

nos estamos atreviendo a más, tarcila.
nos estamos dejando llevar.
desapareció la barrera que teníamos
y nos estamos atreviendo a más.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Historia

No querías que ese instante acabara.
El mundo era de los dos, ese cuarto era el universo.
No querías que ese instante acabara y lo alargaste lo más posible.
Lo retuviste en tus brazos, cerraste los ojos en él.
No te diste cuenta, pero esa noche sonreiste en sueños.
Él sí lo vio, él te estuvo mirando toda la noche,
tampoco quería que ese instante acabara.
Pero los dos sabían que todo tiene su final,
solo que tú esperabas un segundo capítulo,
regresar a esa cama, a ese techo bajo ese sol.

Tarcila, él ya escribió el final, deja ya de escribir tú la historia por tu cuenta.

sábado, 15 de mayo de 2010

Eureka

Ya sabemos qué te pasa, Tarcila.
Lo que ocurre contigo es que nunca dejaste cicatrizar tus heridas. No cicatrizaron y no se borraron.
Lo que hiciste fue quemarlas con un fierro y dejaron marcas más profundas y más feas, como para no dejarte olvidar tu dolor.
Ese es tu problema, mi Tarci.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Post-guerra

Hoy han contado su historia los vencidos.
Hicieron una bandera de retazos
y lograron hablar.
Yo los escuché con atención,
y lloré sus lágrimas,
que también eran mías.
Hoy hemos encontrado el corazón
que está a la izquierda de nuestro universo
tan grande y tan hondo
que es difícil conocerlo todo.

lunes, 10 de mayo de 2010

Guerra

Son miles de piernas marchando
los ojos miran a ningún lugar
 y las botas rompen el piso en el apuro.
Las palmas abiertas,
los dedos muy juntos
y la banda que no deja de tocar.
Sé que vienen por mi
y yo no puedo salir, no me puedo ir.
Me escondo,
me muerdo las uñas.
me olvido del mundo
quiero desaparecer.
No
no
no
No me van a llevar.
No van a poder cargar mis huesos.
No verán lo que mis ojos vieron.
No oirán lo que mis oidos oyeron.
No olerán lo que mi nariz olió.
No sentirán lo que mis piel sintió.
No me van a llevar.
Regreso al vientre de mi madre
y me refugio en su oscuridad
quiero volver a aprender
volver a vivir
volver a llorar.
Y golpear el dolor,
no me van a llevar.

domingo, 9 de mayo de 2010

Ay, Tarcila

Ay, Tarcila, cuándo no enamorándote de extraños.
Te has enamorado otra vez, sabiendo que no vas a llegar a nada, sabiendo que a ese nuevo desconocido no lo vas a volver a ver.
Lo buscarás en redes sociales. ¡Ni siquiera sabes su nombre! Pero lo encontrarás.
Ay, Tarcila.
Seguro esta noche te quedarás dormida imaginando que se encuentran, y que esta vez, ese trago que te invitará durará más que lo que el vaso diga.
Y te invitará a bailar. Te agarrará de la cintura, te apretará fuerte contra él y tú apoyarás tu cabeza en su hombro, agarrarás su mano con fuerza y no querrás soltarlo. Sonreirás imaginándolo. Pero sabes que no sucederá.
Ay, Tarcila.
Mantendrás esta ilusión vacía y sin fundamentos, y será lo que te ayude a sonreír por varios meses.
Ay, Tarcila.
Ay.

sábado, 8 de mayo de 2010

Increíble

Increíble para mi es marearme cuando sé que te acercas.
Sentir náuseas cuando sé que te voy a ver con ella.
Increíble es que mi cuerpo reaccione cuando amenazas con aparecer.
No poder contener las lágrimas -yo, que no lloro- cuando sé que nunca seremos.
Increíble me parece rezar por ti antes de dormir.
Y despertar contigo en la cabeza.
Increíble es que seas el protagonista de todos mis sueños.
Y de todas mis fantasías.
Increíble creo que es sentir el amor que siento por ti.
Que lo único que quiera sea verte y abrazarte.
Increíble es que existas en mi recuerdo y que no estés en mi presente.
Saber que tampoco estarás en mi futuro es inconcebible.

jueves, 6 de mayo de 2010

Utopía

Has dejado tu aroma impregnado en mi pelo. ¿Cómo se supone que viva sin ti?
Todos los días te apareces en mis sueños. Todos los días añoro tu abrazo. Todos los días imagino ese momento en el que dirás "te quiero" y yo seré feliz en ti.
La ciudad ya no será más triste en mi recuerdo y la conquistaremos juntos una vez más, con una botella de vino en una mano y cada uno en la otra. Lima será nuestra y celebrará nuestra alegría con su cielo gris y su garúa menudita.
Mis sueños ya no dejarán esa melancolía que suelen dejar, esa angustia que me acompaña hasta el medio día y que vuelve cuando me meto a la cama. Mis sueños serán tan reales como tú cuando me miras de cerquita.
Una vez más, tú y yo seremos uno y tendremos la fuerza de mil torbellinos. Nadie nos podrá parar, nadie nos olvidará.
Todo eso, cuando mis fantasías de sonámbula diurna se hagan realidad.

sábado, 1 de mayo de 2010

Años

Llegaste con nombre y apellido.
Con ojos, con manos y con pies.
Llegaste con un oficio.
Yo ya sabía de qué partido eras,
quién era tu empleador.
Conocía al detalle tus ideas,
sabía qué decir para dejarte ganar en los debates.
Llegaste con tanto amor para dar,
con tanta emoción,
que el final me agarró desprevenida.
El final, como tú, llegó sin avisar,
demasiado rápido, demasiado normal.

Te fuiste con tu nombre y apellido.
Te llevaste tus ojos, tus manos y tus pies.
Tu oficio, tu partido político.
Al empleador lo habías perdido hacía tiempo.
Te llevaste mis horas de sueño,
te llevaste miles de lágrimas que no quería soltar.
Te llevaste mi amor, el amor que sentía por mí.
Claro, también te llevaste tu amor, el que tú sentías por mi.
O no sé quién se llevó ese, pero desapareció.

jueves, 29 de abril de 2010

domingo, 25 de abril de 2010

De también Tarcila

Todos tenemos múltiples personalidades. Solo que algunos las ocultamos muy bien. Esto funciona cuando tienes que guardar las apariencias, simular ser un niño normal y centrado. Pero cuando la otra personalidad empieza a pelear con la dominante, se rebela y afecta al total de la persona, la habilidad de camuflaje resulta negativa para la salud mental del individuo.
Hace un año, Tarcila empujó a Claudia para tener un nombre y una personalidad separada de la que daba la cara. Tarcila se independizó y, muy tecnológica ella, se hizo un blog muy aparte del Prende la luz, que tenía algunos lectores a quienes hacía reír. Tarcila y Claudia decidieron que no era justo que los lectores del Prende la luz, que esperaban que se les arrancase una sonrisa al leerlo, se ganaran con los rollos sentimentales y melancólicos de la pobre Tarcila, que en ese entonces era muy tímida y casi no salía.
Es así como el 25 de abril de 2009 nace También Tarcila, muy sepia ella, para darle a Tarcila su propio espacio. La elección de los colores fue interesante, porque Claudia, quien estaba ayudando a Tarcila a escoger una plantilla para el blog, buscaba los grises, pensando que esos eran los colores de la melancolía. Pero estaba equivocada. Los colores de Tarcila, de la melancólica Tarcila, de la siempre enamorada y nunca correspondida Tarcila son los sepias, tonos del desencanto y del desamor.
Ahora, un año después, Tarcila sigue escribiendo con irregular periodicidad, escribe lo que piensa y ya no tiene vergüenza de verse vulnerable, de decirle al mundo que sí, que se enamora y que llora de vez en cuando. Tarcila ha marcado su distancia de Claudia, la clo, la clopis, y ahora las dos están más tranquilas, porque Claudia ya no tiene que luchar contra Tarcila, que cada día se hace más fuerte, y puede seguir disfrutando de ser ella, de ser única. Igual Tarcila. Son ellas, son dos, son separadas y son opuestas. Opuestas pero complementarias.
Claudia quiere a Tarcila y la quiere más aun ahora que ha salido de ella. La quiere más porque, lejos de ella, ahora la puede conocer más, lee sobre Tarcila y quiere seguir siendo Claudia de Tarcila, Tarcila de Claudia. A pesar de las diferencias, Tarcila y Claudia son buenas amigas, inseparables aunque esto suene obvio. A pesar de las diferencias, Tarcila no quiere dejar a Claudia y viceversa. Aprenden mucho la una de la otra.
Feliz día, Tarcila. Feliz día.

Hoy cumplimos un año

Feliz día Tarcila.
Feliz de haberte descubierto en mi.

sábado, 24 de abril de 2010

viernes, 23 de abril de 2010

Verte

Quisiera no verte más,
pero de mi mente no puedo escapar
y al parecer, no quieres salir.

Entonces, estamos atrapados los dos,
cautivos en mi cerebro
que hace lo que quiere conmigo.

Quisiera no verte más,
pero de mi mente no puedo escapar
y al parecer, no quiero salir.

domingo, 18 de abril de 2010

Tarcila ha vuelto a hablar de ella

Me gusta verme.
En fotos, en el espejo, me gusta verme.
Me gusta verme para saber quién soy, para recordarme.
O para olvidarme.
Me gusta leerme.
En papel, en mi mente, me gusta leerme.
Me gusta leerme para conocerme más, para quererme.
O para odiarme.
Me gusta escucharme.
En una grabación, en tu voz, me gusta escucharme.
Me gusta escucharme para reconocerme, para identificarme.
O para contrastarme.

Me gusta sentir que estoy viva, que soy parte de mí.
Me gusta saber que cuento conmigo, que no me voy a ir.
Me gusta pensar que tal vez sea la única persona con la que pueda contar.

Me gusta aprender cosas nuevas de mí, me gusta sorprenderme de vez en cuando.
No es ego, es necesidad. Necesito saber quién soy. Necesito conocerme para poder conocerte. Necesito identificarme conmigo misma antes de salir al mundo y enfrentarme con decenas de personas todos los días.
Necesito saber quién soy, qué quiero, cómo me veo, qué pienso, cómo razono.
Necesito saberme para saberte. Para saber a los demás.
No es ego, no. Es pura necesidad, es puro instinto de supervivencia.

jueves, 15 de abril de 2010

Paseo

Camino asustándome cada tanto con mi propia sombra,
la basura se bota en bolsas negras para que nadie más la vea.
Camino escuchándome cantar, escuchando cantar a alguien más,
la vida se vive aparentando, para que mucha gente nos vea.

Tarcila necesitaba un rato consigo, así que salió a caminar. En su recorrido vio caras, miles de caras que se derretían como relojes. En su recorrido pensó que era momento de cambiar algunas cosas de su vida, pero no tenía ni las suficientes ganas ni las suficientes fuerzas para hacerlo.
Tarcila se conoció un poco más ese día y sonrió. También frunció el ceño, claro, porque no todo lo que una descubre de sí misma es siempre bueno. El balance del día dio positivo, sin embargo.
Llegó a su casa y tuvo que zambullirse nuevamente en el día a día, en la familia, en la sonrisa forzada, en el complacer a todos. Llegó a su casa y tuvo que dejar de cantar, tuvo que dejar de decir lo que pensaba. Llegó a su casa y tuvo que ponerse el disfraz de familia, el disfraz de ser social. Dejó de ser un ser-humano para ser un ser-social.

Sigo caminando en la calle, en mi cabeza.
Las luces de los autos no me distraen, y menos las amenazas de los choferes.
Paseo por kilómetros mirándolo todo a mi alrededor, quedándome solo con lo bueno,
las estrellas, que han decidido salir esta noche, me dicen que ha sido una buena idea la mía.

sábado, 10 de abril de 2010

Adiós

Sentimos que nos estamos diciendo adiós.
Ya todo se está volviendo nuevo y no hay lugar para lo viejo, para nosotros.
Somos viejos, somos historia antigua, sin tiempo, sin lugar. Todo ya cambió y nos estamos diciendo adiós.
Somos lo ya casi olvidado, lo que, si no se nombra, no se recuerda.
Incluso ya casi ni tenemos nombre. Nuestro nombre, de mil letras, ahora solo tiene un par. Se han borrado las demás y es difícil descrifrarnos.
Sentimos que nos estamos diciendo adiós. O tal vez no nos podamos decir adiós, quizás sea demasiado tarde para voltear y hacer siquiera un ademán con la mano.
Quizás nos hemos hecho demasiado viejos como para mirarnos.
Quizás nos hemos hecho demasiado viejos como para hacer un gesto de despedida.
Pero nos estamos diciendo adiós, con la mano, con la cabeza, con la boca o con la mente.
Nos estamos diciendo adiós, cada uno a un lado del camino, yendo en direcciones contrarias.
¿Contrarias, o paralelas?
Sea como sea, no nos encontraremos más, estamos ya a kilómetros de distancia, nos decimos adiós.
Nos estamos diciendo adiós sin amor, sin cariño, pero sin odio. Simplemente nos despedimos, nos separamos, ya con indiferencia, ya con dejadez.
Nos estamos diciendo adiós y no sé si me conmueve, si me mueve al menos. No sé si siento algo por esta separación.
Nos estamos diciendo adiós y yo sigo aquí, sin tratar de cambiar el rumbo, de volver a ti.
Nos estamos diciendo adiós, nos estamos diciendo adiós y tú no quieres regresar. Tampoco quieres irte, te da igual, pero nos estamos diciendo adiós.
No es que nos obliguen a seguir, no es que nos obliguen a volver. No queremos irnos, no queremos quedarnos, solo avanzamos, es inercia, es fuerza de gravedad que ha hecho lo que quería, se ha vuelto loca la fuerza de gravedad y nos atrae a lados diferentes.
¿Qué queremos? ¿Qué quieres tú?¿Qué quiero yo?, no sé.
¿Qué quiero yo? Ya ni sé para qué empecé esto, ya ni sé para qué vine acá.
He olvidado lo que soy, hemos olvidado lo que somos, lo que queremos, por lo que luchamos.
Sentimos que nos estamos diciendo adiós y no nos mueve, no nos conmueve. No nos compete. Nos desligamos del adiós, nos desligamos del sentir.
Nos desligamos del sentirnos, porque nos estamos diciendo adiós.

martes, 30 de marzo de 2010

Confesión

¿Para qué mentir? Te extraño todos los días.
Todos los días te siento a mi lado y todos los días me desilusiono de que no sea así.
¿Para qué ocultarme? Estoy esperándote de brazos cruzados.
Pensando en que somos los mismos y que podemos retomar todo desde donde lo dejamos.
¿Para qué mentirme? Te quiero y está clarísimo.
¿Para qué omitirte? Te volviste parte de mi vida y no lo puedo negar.
Te volviste parte de mis sueños y parte de mis días.
Te volviste mi sombra, de la que me asusto con frecuencia.
Te volviste mis ojos, mi boca, mis oídos.
Te volviste parte de mi vida, no lo puedo negar.

¿Para qué mentir? Te necesito todos los días.
Todos los días te anhelo y todos los días recuerdo algo nuevo de ti.
¿Para qué ocultarme? Lloro escondida en el baño, pero de mí no me puedo esconder.
No puedo esconderme de mi cabeza, no puedo esconderme de mi conciencia.
¿Para qué mentirme? En quien pienso, en realidad eres tú.
¿Para qué omitirte? Mi cerebro es más fuerte que yo, no te puedo esconder.

¿Para qué mentir? Te extraño y no lo voy a negar más.

domingo, 28 de marzo de 2010

Tarcila (II)

Tarcila ha comprado drogas en un callejón y ha buscado amor en un parque.
Tarcila se ha ido de viaje sin un sol y ha cantado en una esquina por monedas.
Tarcila se ha enamorado de chicos mucho menores que ella y ha mirado dentro del baño de varones.
Tarcila ha entrado en casas abandonadas y ha robado pan cuando no tenía.
Tarcila ha pasado noches enteras caminando por la calle y ha dejado de bañarse por días.
Tarcila ha hablado con extraños y se ha dejado de hablar a ella por meses.
Tarcila ha sonreído por cosas mínimas y ha llorado por sucesos insignificantes.
Tarcila se ha emocionado por una mirada y ha odiado la Navidad hasta hace poco.
Tarcila ha leído cientos de libros y de carteles y ha soñado con ser protagonista de alguno.
Tarcila también se ha enamorado de personas que ni conoce, de personas que ni existen.

Tarcila ha vivido mucho, en poco tiempo.
Tarcila se conoce como no conoce a nadie más, y se sorprende todos los días de eso.
Tarcila también descubre algo nuevo de sí cada día que vive.
Tarcila a veces se queda sin palabras y sin voz, y alguien tiene que hablar por ella.



sábado, 27 de marzo de 2010

Chico

Tarcila lo vio y pensó que era el chico más hermoso del mundo.
Tenía el pelo crespo-crespo, pegadito a la cabeza.
La forma que tenía de jugar con sus orejas le parecía encantadora.
Su mirada, esa mirada de estar descubriéndolo todo la enamoró.
Todo el camino quiso saber si él también estaría pensando en ella, tratando de descrubrirla, como hacía ella.
Todo el camino no le quitó los ojos de encima, no dejó de llamarlo con la mirada.
Voltea, voltea.
Pero cuando volteaba, no la miraba.

lunes, 22 de marzo de 2010

Tarcila y la soledad

Tarcila no quería estar sola. Tampoco quería compartirse con una persona, eso estaba claro, porque compartirse significaría perderse. Perderse significaría extrañarse y todo eso significaría dejar una parte de sí en otro, lo que haría, a la misma vez, que extrañara al otro. Tal vez traería como consecuencia algunas lágrimas, muchos kilos de chocolate y malos humores con la familia.
Tarcila no quería estar sola, pero tampoco quería compartirse.
Así fue como descubrió las camas descartables, las camas de una noche, o de media noche, según fuera el caso.
Descubrió que no hay que querer para sentirse deseado, no hay que sentirse querido para desear.
Descubrió que el alcohol puede tapar las vergüenzas y cubrir las culpas, al menos las del momento.
Tarcila no quería estar sola, y lo logró. Logró conseguir no estar sola las noches en las que no quería estarlo, pero nadie la acompañó esas tardes de domingo grises, tan grises y solas que te provocan llanto.
Nadie estuvo con ella en las mañanas, en el desayuno, nadie compartió con ella las noticias del día.
Estuvo sola cuando necesitaba en verdad estar acompañada. Estuvo sola en los mejores momentos y sola también en los peores. Tarcila no quería estar sola, pero estuvo más sola que nunca, incluso cuando estaba con ellos.
Tarcila no quería estar sola, y no lo logró.

domingo, 21 de marzo de 2010

El fin

Después de pasar tanto tiempo sin saber nada de él, se le apareció en sueños. Tarcila vivió de una vez, el fin del romance.
Estaba indiferente, no respondía a sus "te amo". No quería dormir con ella, ya no quería más duchas juntos. Si ella se iba, ya no le importaba, no la extrañaba. Tarcila lo tenía claro.
Cuando despertó, tuvo ese sabor en la boca del no saber, pero por fin pudo estar tranquila.
Y vivió.

viernes, 19 de marzo de 2010

Love is just a game

Tarcila soñó que ya no tenía amor.
Y ahora, ¿qué sería de su vida?
No sabía otra cosa, su vida era el amor.
¿Qué haría ahora sin las sonrisas enamoradas,
sin los llantos del desamor?
¿Qué haría con la melancolía,
con esa tristeza tan bonita del no amar?
Sin amor, Tarcila se iría consumiendo lentamente.
Sin desamor, Tarcila ya no tendría qué hacer.

Sin amor, Tarcila perdería su sepia.
Su sepia tan triste que venía del desamor.
Se asustó, no sabía que era un sueño.
Era muy real.
Sin amor, se dijo, sin desamor, ¿qué voy a escribir?
Sin mi tristeza, ¿en qué pensaré durante la noche?
Sin las canciones, sin los poemas, ¿de qué viviré?

Tarcila se asustó, no sabía que era un sueño.
Era muy real.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Odio

Odio que tengas una vida sin mí.
Odio no saber qué te pasa.
Odio no saber qué piensas.
Odio no saber si piensas en mí.

Odio que tengas una vida sin mí.
Odio recordar que antes, tu vida era conmigo.
Que antes, tu vida era yo.
Odio saber que no piensas en mí.

Odio que tengas una vida sin mí.
Odio la ridícula distancia que nos separa.
Odio que no la quieras acortar.
Odio desear tanto que pensaras en mí.

Odio que tengas una vida sin mí.
Odio siempre pensar en ti.
Odio vivir en función a ti.
Odio pensar que piensas en mí.

Odio que tengas una vida
sin mí.

domingo, 14 de marzo de 2010

hoy

Apagué la luz.
Quería buscarte, sentirte.
Entonces, esto es la oscuridad.
No te encontré.
Tuve que alumbrar mi camino otra vez.
Seguías sin estar ahí.
¿Dónde estás?
No en mi recuerdo.
Te busco, te busco.
No estás.
¿Hasta dónde tengo que ir?
¿Dónde tengo que buscar?
Sé que quieres volver, te siento cerca.
Pero no estás.
No pensé que te buscaría hoy.
No pensé que te buscaría, punto.
Pero, mírame, acá estoy, levantando los cojines,
buscando en cada esquina.
Y no encuentro, no te encuentro.
Te escondes bien, no quieres que te vea.
No importa, estaré bien.


martes, 9 de marzo de 2010

Diego

Hoy vi tu foto.
Salías sonriendo, salías feliz.
Hoy vi tu foto y me acordé de tí.
De tu voz, de tu mirada, de tu risa.
Te recordé hace diez años, cuando me mirabas y yo me molestaba.
Te recordé y te sentí detrás de mi, mirándome una vez más.
Pero esta vez no me molesté.
Esta vez sonreí.
Recordé que había soñado contigo esa noche.
Que dije que te tenía que buscar.
Llegué tarde.
Y hoy te pienso, te pienso y te extraño.
A pesar de todo.
Loco.
Precioso.

viernes, 19 de febrero de 2010

Pobre Tarcila

Tarcila le había soñado tantas veces, que cuando lo vio no fue nada nuevo. Había vivido una y otra vez su olor, su forma, su piel. Sabía cómo se sentía, conocía su voz a la perfección. Cuando lo vio, ella supo perfectamente qué hacer, porque lo había ensayado como se ensaya una obra, había tenido su ensayo general, su último ensayo, porque sabía que pronto lo vería.
Cuando lo vio, sus pies y su voz no temblaron, como temblaron en el primer sueño. Cuando lo vio, sus ojos no se llenaron de lágrimas. Cuando lo vio, lo miró a los ojos fijamente. Lo miró y esperó a que él dijera esas palabras que ya había oido en sueños, pero que tenía que oirle decir en la realidad.
Él tenía que empezar la obra. Sus líneas eran las primeras, y de él dependía que todo saliera bien. Esperó. Lo miró. Le dijo con los ojos que lo diga, que diga eso que ella había soñado y que sabía de memoria.
Esperó. Él se empezó a poner nervioso. Sus pies temblaban. Su boca temblaba. Sus ojos, llenos de lágrimas, no le podían contestar. Su cuerpo estaba rígido, sus pies plantados en el suelo. Y no le dijo nada.
Tarcila siguió esperando, siguió mirando, siguió pidiendo. Y él no dijo nada. La obra fue un fracaso para Tarcila. Nada salió como debía. Los miles de ensayos fueron en vano. El hacer y rehacer esta escena en su cabeza fue en vano. Y ya no se repetiría, no habría una segunda oportunidad.
Para Tarcila no existían segundas oportunidades. Tuvo que borrar el sueño de su cabeza, y olvidar.

martes, 16 de febrero de 2010

Nosotros y los piojos

¿Te acuerdas de cuando teníamos piojos?
Ni a ti ni a mí nos importaba,
teníamos mejores cosas en qué pensar.
Después aprendimos a tener vergüenza,
pero no era propia, era de alguien más
que nos la imponía,
nos la obligaba.
No teníamos vergüenza: la fingíamos.
No teníamos vergüenza: la mentíamos.
No teníamos vergüenza
y hoy ya es nuestra.
Nos cubrimos como si nada,
como si fuera natural.
Nos escondemos, huimos, mentimos.
Nos sale como si nada y no lo pensamos.
Hoy el miedo y la vergüenza son nuestros,
pero los piojos ya se fueron.

lunes, 15 de febrero de 2010

La plaza

Los árboles están numerados. Yo estoy frente al 9. Algunos todavía tienen decoraciones navideñas y ha pasado más de un mes.
Los jubilados se sientan en las bancas desde temprano y ven pasar la mañana. Son los primeros en llegar para agarrar sombra. Unos cuantos ya se conocen y la mañana se les pasa más rápido, porque se entretienen contándose historias repetidas. Él no recuerda haberla contado, pero no importa, porque el otro no recuerda haberla escuchado.
La gente te pasa cerquita, como las gaviotas en la playa. Tú debes hacer como si no te importara.
"Tours", te ofrecen.
"Llamadas", te ofrecen.
"Caramelos", te ofrecen.
"Máquinas de afeitar, pegamento".

domingo, 14 de febrero de 2010

Dudo

Hace tiempo he estado pensando en irme de esta ciudad. De este país, en realidad. Casi, casi de este continente. Me veo bien paseando por Nueva York -nunca he ido, pero me imagino ahí sin problemas-, o por Europa -tampoco he ido y me da miedo lo que pueda encontrar.
Ya la ciudad se me hace triste, llena de lágrimas y melancolía, hace tiempo que dejó de ser nueva, hace tiempo que pasó de mi. O tal vez yo he pasado de ella, y no sé qué digo cuando digo "pasar de" solo sé que me refiero a que ya no. Ya no más esta ciudad.
Y también siento que todos se van, que todos pueden irse sin dificultad y a mi se me han clavado los pies y me siento culpable, me siento desagradecida y me da miedo, sí, me da miedo. Me da miedo ya no estar cómoda.
Pero estoy convencida de que me voy a ir. En un par de años, todavía no puedo. No puedo porque no puedo, no porque no quiera. Entonces ese no poder me hace sentir que en verdad sí quiero, pero hay unas obligaciones que me atan acá por un par de años más. Y también quiero esas obligaciones, las quiero con todo mi corazón, así que todo bien, me tomo mi tiempo para planear bien lo que voy a hacer cuando no esté acá y para qué me va a servir todo eso y qué voy a hacer cuando regrese.
Y ahora empiezo a dudar, elegir ir a un lugar es elegir no ir a otro. Es costo de oportunidad, es anteponer un sitio a otro. Es decidir: "este es mejor". Pero, ¿quién soy yo para decir "NY es mejor que Barcelona?" ¿Quién rayos soy yo para saber qué me conviene?
Empiezo a sentir miedo, empiezo a sentir miedo.
Hay muchas cosas, dicen que hay poco tiempo. Dicen que hay dos años, y yo no voy a poder hacer lo que iba a hacer en dos años.

jueves, 11 de febrero de 2010

Julio

Esa voz, esa voz que yo escucho y me provoca abrazarla.
Y si viene con música, con música me hace llorar.
Y yo no lloro.
No lloro lágrimas, lloro algo más o algo menos, pero algo diferente.
Son suspiros y sonrisas.
Porque cuando quiero llorar, yo sonrío.
Y cierro los ojos cuando te escucho, tan tierno, tan enorme.
Cierro los ojos, sonrío y respiro hondo, para suspirar largo y fuerte.
Me muerdo los labios, qué rápido lees, qué rápido hablas.
Una delicia.
Y dices plaf y dices adiós gotas, adiós.
No te estoy prestando atención, no lo necesito porque solo tengo que oir tu voz para sonreir.
Cómo no estás aquí.

sábado, 6 de febrero de 2010

Chiclayo

¿Qué te puedo decir? ¿Qué quieres que te pregunte?
Los niños me reclaman si la "e" me sale mal, me reclaman porque mi "I" parece "J". Yo les digo que por eso digo las cosas en voz alta antes de escribirlas y me provoca callarlos de una patada.
Me estoy esforzando. Y en esta ciudad la gente te atropellaría sin más. Y la otra gente se dejaría atropellar.
¿Qué te puedo decir? A veces preferiría usar la "y" en vez de la "ll", y me gustaría que empezara a llover, pero creo que está lloviendo y me acaban de decir "hello" y no pude contestar porque no entendí qué decían y definitivamente esas son gotas y esta es lluvia, solo falta que se la tome en serio y caiga un poco más y good bye.
Good bye.

jueves, 28 de enero de 2010

Cuando se mueren, los perros se ponen tiezos, como muñecos de felpa de mala calidad.
Los basureros tiran la basura del camión a la calle, y hay gente que busca en ella algo de comer y lo encuentra.
El aire a veces huele a pescado, otras a huevo podrido, otras a desagüe. Yo no sé qué olor me tocará mañana.
Los niños tienen manchas en la piel y les cuesta concentrarse.
El río es marrón y a él dan a parar gallinazos, gaviotas y basura.
Yo aprendí a querer al río, ignorar lo feo y solo ver sus bordes verdes.
No escuché la bulla que me acompañaba y solo miré. Conocí e hice todo eso mío.

sábado, 16 de enero de 2010

De vuelta

No entendíamos por qué ya no pensábamos, por qué ya no escribíamos, por qué ya nada nos llamaba la atención, por qué nada nos parecía nuevo ni atractivo.
Ese día nos dimos cuenta de lo que nos hacía falta: salir solas con una canción triste de fondo. La melancolía y la soledad nos harían abrir los ojos nuevamente.