domingo, 28 de noviembre de 2010

Carta

Tarcila:
Sigues siendo la misma de siempre. Tus intentos de sonrisa no pueden ocultar las lágrimas que siempre están prestas a salir. Tus intentos de sonrisa no pueden ocultar tu tristeza.
Sigues siendo el llanto, sigues siendo el no-sé-qué, que te mueve algo dentro del pecho y te aleja de los demás.
Y como sigues siendo el amor no correspondido, el amor inventado, las noches eternas sin poder dormir, la música tristísima para no sentirte tan sola, el lejano olor de las flores, las tardes de pre-verano con el viento en los pies y las noches sin luna buscando estrellas, no puedes volver a sonreír con felicidad.
Tus sonrisas, Tarcila, siempre son con melancolía, y no te molesta del todo, porque siempre te gustó la melancolía, que es una tristeza bonita.
Seguirás dibujando estrellas, corazones y personas con escamas. Seguirás pintando en sepia, seguirás cantando elegías y romances. Seguirás siendo Tarcila por más de que trates de esconderte tras las sonrisas.
Los amores de tu vida seguirán huyendo de tus lágrimas, seguirán huyendo de tu sangre. Los amores de tu vida desaparecerán uno a uno como lo hicieron los cientos que pasaron. Los amores de tu vida se acumularán en tu recuerdo y no serán más parte de tu presente.
Acostúmbrate, Tarcila, porque, cuando menos te lo esperes, volverás a ser tú. Un día sí y uno no. Diez días sí y medio no. Y cada vez con más frecuencia, serás Tarcila, serás el corazón roto, serás sola, serás las tardes, las flores, las canciones, las lágrimas, las escamas, el sepia, el pecho. Serás el amor.
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