miércoles 8 de febrero de 2012

Sin título mil

Tarcila recordaba
las miles de tardes
que no habían
pasado juntos:
las había imaginado muy bien.
Recordaba, sentía aún
las manos sobre la espalda,
el olor de su cuerpo
y su voz susurrándole palabras nuevas
al oído.
Conocía a la perfección
todos los pasos
que tenía que seguir
para el amor.
Y los recordó sin él.
Y ya muy lejos
de ella misma,
los repitió.

sábado 4 de febrero de 2012

Adolescencia

Siento que me falta mucho
salir a la calle a respirar el aire.
Me falta ver la luna
y las estrellas
contadas con los dedos de una mano.
Me falta ver más Lima
sola
y me falta pensar
en si los pasos que doy
son los que hacen girar este planeta.
Tal vez me falta más
pensar en un futuro
falto de tantas cosas
pero rico en amor
y en palabras que salgan
cuando camine por las calles
vacías
de Lima.

miércoles 25 de enero de 2012

lunes 24 de octubre de 2011

A Javier Heraud

Yo no soy un río
ni una casa
ni un viaje.
No duermo en
una manzana:
mi cuarto
no tiene corazón.
Pero estoy yo,
que soy risa,
llanto e intento.
Soy brisa, soy viento.
También vi caer
mi casa,
pero no duró
un año mi descanso.
Yo volví todos los días
con el mismo cansancio
sin haber visto
de lejos
mi ciudad.

jueves 22 de septiembre de 2011

11 a primavera

No me pidas
que te escriba
un poema
simbolista.
No soy tan inteligente
ni tan
sensible.
No podré escribir
que tu risa es azul
o que tu voz es dulce.
Mejor
pídeme que hable
de lo que veo.
Puedo hablarte
del río de basura
que veo dos veces
al día
cuatro días
por semana.
Puedo contarte
de los niños
de ocho años
que saben más lisuras
que tú y yo.
No citaré
a Rimbaud
ni a Baudelaire.
Citaré a seres
tal vez más humanos
tal vez más mortales
que hoy
me han visto
salir del trabajo
cubierta en polvo.
Y no, el polvo no era dulce
ni alegre.
El polvo
simplemente
era
polvo.

jueves 15 de septiembre de 2011

ochenta

Camino.
Veo y huelo
las flores.
Te recuerdo
y sonrío.
Luego me pregunto
¿por qué?
y vuelvo a reirme
esta vez en voz alta.
Pongo las manos
en los bolsillos,
sigo mi camino
y me olvido de ti.

viernes 9 de septiembre de 2011

Treinta

Uno dos cien
minutos espero
no vas a llegar
y veo a los amantes
en las combis:
les cuesta tanto
esperar a sus casas
o a un hotel
donde puedan
amarse en privado.
Pongo cara de asco
y miro a otro lado.
A mi reloj, quizás
que marca ya
mil minutos
que te llevo esperando.