sábado, 1 de mayo de 2010

Años

Llegaste con nombre y apellido.
Con ojos, con manos y con pies.
Llegaste con un oficio.
Yo ya sabía de qué partido eras,
quién era tu empleador.
Conocía al detalle tus ideas,
sabía qué decir para dejarte ganar en los debates.
Llegaste con tanto amor para dar,
con tanta emoción,
que el final me agarró desprevenida.
El final, como tú, llegó sin avisar,
demasiado rápido, demasiado normal.

Te fuiste con tu nombre y apellido.
Te llevaste tus ojos, tus manos y tus pies.
Tu oficio, tu partido político.
Al empleador lo habías perdido hacía tiempo.
Te llevaste mis horas de sueño,
te llevaste miles de lágrimas que no quería soltar.
Te llevaste mi amor, el amor que sentía por mí.
Claro, también te llevaste tu amor, el que tú sentías por mi.
O no sé quién se llevó ese, pero desapareció.
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