martes, 3 de agosto de 2010

(sin título) N

Graduamos el agua para que nos gustara a los dos. Después, nos juntamos debajo de la ducha, sin saber bien qué hacer. Al principio pensamos que teníamos que imitar a las tantas veces vistas películas de Hollywood pero no tardamos en darnos cuenta de que ese momento era nuestro, que ningún director lejanísimo nos tenía que decir qué hacer.

Desde ese minuto, Tarcila amó más a esa dupla que no tenía mucho tiempo de formada, pero que se sentía tan real y tan correcta, que no quería ponerle un final jamás.
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