jueves, 15 de abril de 2010

Paseo

Camino asustándome cada tanto con mi propia sombra,
la basura se bota en bolsas negras para que nadie más la vea.
Camino escuchándome cantar, escuchando cantar a alguien más,
la vida se vive aparentando, para que mucha gente nos vea.

Tarcila necesitaba un rato consigo, así que salió a caminar. En su recorrido vio caras, miles de caras que se derretían como relojes. En su recorrido pensó que era momento de cambiar algunas cosas de su vida, pero no tenía ni las suficientes ganas ni las suficientes fuerzas para hacerlo.
Tarcila se conoció un poco más ese día y sonrió. También frunció el ceño, claro, porque no todo lo que una descubre de sí misma es siempre bueno. El balance del día dio positivo, sin embargo.
Llegó a su casa y tuvo que zambullirse nuevamente en el día a día, en la familia, en la sonrisa forzada, en el complacer a todos. Llegó a su casa y tuvo que dejar de cantar, tuvo que dejar de decir lo que pensaba. Llegó a su casa y tuvo que ponerse el disfraz de familia, el disfraz de ser social. Dejó de ser un ser-humano para ser un ser-social.

Sigo caminando en la calle, en mi cabeza.
Las luces de los autos no me distraen, y menos las amenazas de los choferes.
Paseo por kilómetros mirándolo todo a mi alrededor, quedándome solo con lo bueno,
las estrellas, que han decidido salir esta noche, me dicen que ha sido una buena idea la mía.
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