domingo, 21 de agosto de 2011

( )

Tarcila soñó miles de veces
con el encuentro.
Nunca se imaginó
que jamás sucedería.
Cuando despertó esa mañana,
sintió la soledad
que la acompañaría para siempre.
El pan se quedó en la mesa;
el vestido, colgado y planchado.
Sus sueños desaparecieron.
Despertó cien mañanas más
y siempre fue igual.
sus brazos, ya rígidos
nunca volvieron a abrazar.
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