martes, 30 de agosto de 2011

Carta a Tarcila

Tarcila:
¿Sigues acumulando soledades? ¿Aún las cuentas o ya te rendiste? ¿Se sigue sintiendo igual que la primera vez o ya desarrollaste un mecanismo para no sentir el dolor?
Empiezas a hacerte real, Tarcila. Ya casi eres de carne y hueso. Puedo ver tus manos, cada vez más sólidas y tus ojos que han dejado de sonreír.
Y has vuelto a ser tú después de llorar esas últimas lágrimas. El llanto de esta noche fue el último, y gracias a él vuelves a vivir.
No más sonrisas, pero tampoco más lágrimas, te has dicho. Tal vez más amor, sí, pero a esos amores los conoces y sabes cómo ser con ellos y contigo.
Abres la caja, guardas el corazón. Ahí estará tranquilo y a salvo.
Ahora que eres real, inventarás historias nuevamente. Volverás a ver a las parejas en la calle y sonreirás sabiendo que nunca serás ellos. Los verás caminar de la mano, detenerse y besarse y pensarás que son unos tontos, que jamás aprenderán. Luego se irán, él la abrazará por atrás y sonreirás otra vez, aliviada de que no vas a ser ellos.
Así eres, Tarcila. Sola, triste y sonriente. Así eres y, por más de que a veces descanses de ti misma, vuelves a ti sin querer y sin darte cuenta. Ahora solo te toca aceptarte y vivir contigo, tal vez para siempre, tal vez por un tiempo.
Ahora, anda a dormir. Durmiendo olvidarás quién eres y podrás soñar con él y su recuerdo. Solo acuérdate de no llorar porque despiertas a los vecinos.


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