viernes, 9 de septiembre de 2011

Treinta

Uno dos cien
minutos espero
no vas a llegar
y veo a los amantes
en las combis:
les cuesta tanto
esperar a sus casas
o a un hotel
donde puedan
amarse en privado.
Pongo cara de asco
y miro a otro lado.
A mi reloj, quizás
que marca ya
mil minutos
que te llevo esperando.
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