lunes, 14 de mayo de 2012

El gordo de la Salaverry ahora tiene la cabeza llena de canas.
Las cosas sí han cambiado, ¿te das cuenta?
Y Tarcila no lo podía entender: ¿la vida sin él podía avanzar?
¿Hasta dónde?
La última vez que se fijó, los olores eran los mismos, 
las miradas eran iguales,
las sonrisas seguían escaseando.
Y hoy se dio cuenta de que sí,
algo ha cambiado.
Ya no piensa en él todos los días,
ya no aparece en sus sueños
en un Volkswagen que le queda chico.
El aguaymanto ahora es ácido,
como le gusta.
Tarcila sabe que ahora
puede escoger sonreír
en lugar de llorar.
Puede elegir cantar
y no callar.
Puede ser su propia compañera
abrazarse si lo necesita
y abrazar a otros si le provoca.
O dejarse abrazar.
Tarcila sabe que hoy
empieza algo nuevo, no sabe bien qué.
Tal vez esta vez deje salir su voz, esa voz que no sabe cómo suena
y lo grite fuerte, tal vez no.
Tal vez lo repita una y otra vez dentro de su cabeza.
Pero hoy Tarcila cambia 
despega
se va volando.

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