jueves, 30 de julio de 2009

después de 2666

Esa noche soñó con Benno von Archimboldi. Soñó que era Ingeborg, y que se quedaba con él hasta el final. Soñó con Archimboldi, con Hans Reiter, el hombre del libro, la palabra escrita a quien ahora podía oler y tocar, no solo imaginar. Sus ojos eran más azules y su pelo más rubio y lo abrazó y le dijo vámonos de aquí, que esta historia no termine nunca, que no termine para ninguno de los dos. Y él se fue con ella, y ella le pidió que le leyera una historia, y él lo hizo. Y se quisieron más que nunca, en un abrazo que duró incluso más allá de que cerraran el libro, de que pusieran la pluma en el tintero.
Desaparecieron juntos y no, el sueño no terminó jamás.
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