domingo, 27 de febrero de 2011

A propósito de

Sin saber que tú también lo hacías, yo te buscaba. Buscaba tus ojos y tu sonrisa, porque la mía se estaba terminando. Como si fuera dejando de existir, mis manos empezaron a desaparecer y no podía tocar tu imagen.
Cuando me encontraste, no te diste cuenta de que la sonrisa que viste en mí era nueva. No había sonreído en tanto tiempo, que hacerlo casi me dolía. Pero el dolor fue bueno y lo disfruté porque te tenía al frente. Mis manos aparecieron y no toqué tu recuerdo o tu idea: te toqué a ti. Mientras pasaba mis manos por tus ojos y tu boca, pude verte de nuevo. Me miraste y fuimos uno por fin.
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