sábado, 21 de julio de 2012

Verde

Mi cuaderno es verde, ya te he dicho.
También te he contado que tiene menos hojas escritas que por escribir.
De alguna u otra manera, te he hecho saber que pienso en ti todos los días.
No te he dicho te quiero porque no lo necesito, porque tal vez no te quiero: solo vives en mí y me he acostumbrado a tu etérea presencia.
Y para hablar de esto tengo que usar epítetos: de otra manera no quedaría tan bien.
Por eso me pongo mi chaleco de escritora y agarro mi cuaderno verde para llenar sus hojas.
Veo una casa, un sol y un río. He dejado los adjetivos para que tú los imagines. Quiero que formes parte de lo que ya eres parte hace más de tres mil años: quiero que formes parte de aquello de lo que escapas; quiero que formes parte de la vida de mi mente y de mi verde cuaderno verde cuaderno verde.
Y seremos ¿felices? los tres. Puedo darte un par de hojas para que escribas lo que quieras, inmediato como yo. Sin buscar nada más que una respuesta.
¿Quién eres?
¿Dónde estás?
¿Cómo es que vienes tan fácil y te vas sin decir nada?
¿Quién eres?
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