domingo, 14 de febrero de 2010

Dudo

Hace tiempo he estado pensando en irme de esta ciudad. De este país, en realidad. Casi, casi de este continente. Me veo bien paseando por Nueva York -nunca he ido, pero me imagino ahí sin problemas-, o por Europa -tampoco he ido y me da miedo lo que pueda encontrar.
Ya la ciudad se me hace triste, llena de lágrimas y melancolía, hace tiempo que dejó de ser nueva, hace tiempo que pasó de mi. O tal vez yo he pasado de ella, y no sé qué digo cuando digo "pasar de" solo sé que me refiero a que ya no. Ya no más esta ciudad.
Y también siento que todos se van, que todos pueden irse sin dificultad y a mi se me han clavado los pies y me siento culpable, me siento desagradecida y me da miedo, sí, me da miedo. Me da miedo ya no estar cómoda.
Pero estoy convencida de que me voy a ir. En un par de años, todavía no puedo. No puedo porque no puedo, no porque no quiera. Entonces ese no poder me hace sentir que en verdad sí quiero, pero hay unas obligaciones que me atan acá por un par de años más. Y también quiero esas obligaciones, las quiero con todo mi corazón, así que todo bien, me tomo mi tiempo para planear bien lo que voy a hacer cuando no esté acá y para qué me va a servir todo eso y qué voy a hacer cuando regrese.
Y ahora empiezo a dudar, elegir ir a un lugar es elegir no ir a otro. Es costo de oportunidad, es anteponer un sitio a otro. Es decidir: "este es mejor". Pero, ¿quién soy yo para decir "NY es mejor que Barcelona?" ¿Quién rayos soy yo para saber qué me conviene?
Empiezo a sentir miedo, empiezo a sentir miedo.
Hay muchas cosas, dicen que hay poco tiempo. Dicen que hay dos años, y yo no voy a poder hacer lo que iba a hacer en dos años.

jueves, 11 de febrero de 2010

Julio

Esa voz, esa voz que yo escucho y me provoca abrazarla.
Y si viene con música, con música me hace llorar.
Y yo no lloro.
No lloro lágrimas, lloro algo más o algo menos, pero algo diferente.
Son suspiros y sonrisas.
Porque cuando quiero llorar, yo sonrío.
Y cierro los ojos cuando te escucho, tan tierno, tan enorme.
Cierro los ojos, sonrío y respiro hondo, para suspirar largo y fuerte.
Me muerdo los labios, qué rápido lees, qué rápido hablas.
Una delicia.
Y dices plaf y dices adiós gotas, adiós.
No te estoy prestando atención, no lo necesito porque solo tengo que oir tu voz para sonreir.
Cómo no estás aquí.

sábado, 6 de febrero de 2010

Chiclayo

¿Qué te puedo decir? ¿Qué quieres que te pregunte?
Los niños me reclaman si la "e" me sale mal, me reclaman porque mi "I" parece "J". Yo les digo que por eso digo las cosas en voz alta antes de escribirlas y me provoca callarlos de una patada.
Me estoy esforzando. Y en esta ciudad la gente te atropellaría sin más. Y la otra gente se dejaría atropellar.
¿Qué te puedo decir? A veces preferiría usar la "y" en vez de la "ll", y me gustaría que empezara a llover, pero creo que está lloviendo y me acaban de decir "hello" y no pude contestar porque no entendí qué decían y definitivamente esas son gotas y esta es lluvia, solo falta que se la tome en serio y caiga un poco más y good bye.
Good bye.

jueves, 28 de enero de 2010

Cuando se mueren, los perros se ponen tiezos, como muñecos de felpa de mala calidad.
Los basureros tiran la basura del camión a la calle, y hay gente que busca en ella algo de comer y lo encuentra.
El aire a veces huele a pescado, otras a huevo podrido, otras a desagüe. Yo no sé qué olor me tocará mañana.
Los niños tienen manchas en la piel y les cuesta concentrarse.
El río es marrón y a él dan a parar gallinazos, gaviotas y basura.
Yo aprendí a querer al río, ignorar lo feo y solo ver sus bordes verdes.
No escuché la bulla que me acompañaba y solo miré. Conocí e hice todo eso mío.

sábado, 16 de enero de 2010

De vuelta

No entendíamos por qué ya no pensábamos, por qué ya no escribíamos, por qué ya nada nos llamaba la atención, por qué nada nos parecía nuevo ni atractivo.
Ese día nos dimos cuenta de lo que nos hacía falta: salir solas con una canción triste de fondo. La melancolía y la soledad nos harían abrir los ojos nuevamente.

sábado, 28 de noviembre de 2009

tiempo

Mi reloj marcaba números de otro planeta
y yo no sabía si estaba a tiempo
o tarde
para ese evento tan importante
que aun no recuerdo.
Quizás tenía que llegar a mi vida
y no pude lograrlo
porque mi reloj marcaba
números de otro planeta.

domingo, 22 de noviembre de 2009

luna llena varios días atrás

Definitivamente, esa luna era para Claudia. Y ella la miraba desde ahí, sonriendo distante.
En algún otro lugar, Tarcila la envidiaba, deseando tener una luna tan propia.
La luna, en cambio, temblaba redonda y lejana, mirando hacia ese globo azul que brillaba también remoto e imaginó la belleza que habría en él.